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Crianza amorosa: la clave para formar una generación no violenta

Por: María Camila Sánchez

Hace un par de semanas el Congreso de la República aprobó un proyecto de ley que reforma el artículo 262 del Código Civil Colombiano, el cual permitía algunas amonestaciones físicas durante la crianza de los menores. Una vez el presidente Iván Duque sancione esta ley, toda forma de maltrato o castigo físico en contra de los niños quedará prohibida.

“El castigo físico en la crianza es una práctica parental que utiliza diferentes tipos de golpes con o sin objetos, y busca modificar el comportamiento de los niños. Se cree que los padres que les pegan a los niños son malos, pero no es así, ellos creen que este tipo de conducta es una buena forma de corregir el comportamiento de sus hijos, el problema es que no es necesario y que puede desencadenar graves efectos en el desarrollo del menor”, explicó Martha Rocío Gonzalez, profesora y decana de la facultad de Psicología de la Universidad de la Sabana, investigadora y especialista en desarrollo infantil.

“La bondad no se aprende castigando, se aprende recibiendo amor”

De acuerdo con el doctor, Francisco Javier Leal Quevedo, médico de la Universidad Nacional de Colombia y miembro de la Sociedad Colombiana de Pediatría, cuando se educan a los menores de forma violenta, se forman personas maltratadoras que en un futuro replicarán esos patrones en sus vidas. Más allá de los efectos socio emocionales que deja el maltrato físico en ellos, también hay complicaciones físicas que pueden convertirse en una dificultad mayor a medida en la que el niño va creciendo.

“Un niño que ha sido criado en situaciones de estrés desarrollará ciertos circuitos cerebrales, estructurados de tal manera que no será fácil reincorporar a ese individuo a la cadena de afecto. Maltratar a los hijos en los primeros años de vida puede dejar secuelas en su desarrollo psicoafectivo y no podemos olvidar que los padres son el espejo del modelo que ellos deben seguir: si ellos reflejan castigo y violencia, los menores aprenderán eso. El único contexto afectivo adecuado para el desarrollo de los niños es el contexto amoroso. La bondad no se aprende castigando, se aprende recibiendo amor”, dijo Leal.

Ni el maltrato ni la permisividad: hay que encontrar el equilibrio

Los niños al crecer querrán imitar el ejemplo de sus padres, por lo cual el exceso de violencia o en contraste, el exceso de permisividad, generarán ‘cortos circuitos’ difíciles de reestructurar y que impedirá su adaptación al mundo social de forma efectiva.

Según Maria Isabel Guerrero Silva, psicóloga infantil y de adolescentes, especialista en atención clínica comportamental cognoscitiva a bebés, niños y adolescentes, la clave en la crianza de los hijos está en el balance y la coherencia: “pensar, sentir y hacer en la misma línea”.

Se dice popularmente que todo extremo es malo y en el caso de la crianza de los hijos también lo es. Ser padres maltratadores o padres permisivos desencadenará consecuencias para el desarrollo integral de los menores.

“Ni tan autoritario ni tan permisivos. El maltrato físico lleva a generar personalidades depresivas y que adquirirán algún tipo de adicción como a las drogas, al alcohol, a la comida, entre otros, así que los castigos severos si generan falencias en las cuales los vínculos sociales se alteran. En el otro extremo, cuando se presenta negligencia, vemos personas que tienden a la ansiedad y a la autoestima muy baja porque de niños les celebraban todo lo que hacían, hacían lo que querían y cuando crecen y deben rendir cuentas se sienten fracasados y que no pueden lograr lo que se proponen”, explicó.

Pero nunca es tarde. Sin importar la edad del menor todo padre, madre o cuidador puede dar un giro y modificar los patrones de crianza para que los valores, la calma y la coherencia sean la piedra angular de la relación con ellos.

“Si fuimos padres que golpeamos a nuestros hijos podemos parar y evaluar cómo ser mejores padres. Todos los días debemos construir la relación de padres e hijos a diario. Los padres coherentes no reaccionamos sino que damos respuestas. Cuando dejamos de reaccionar de forma impulsiva por lo que hacen nuestros hijos y ponemos más racionamiento, nos damos cuenta que habrá resultados diferentes. Con la calma es más fácil educarlos”, insistió.

“El cambio está en la capacidad de ser firmes y amables, pero a la vez, ser amables y firmes todo el tiempo”, puntualizó Guerrero.

“Los hijos deberían venir con un manual”, probablemente ese es el deseo de muchos padres que intentan criar de la mejor forma a sus hijos, pero que se enfrentan a un mundo desconocido, en el cual su única referencia es lo que vivieron con sus propios padres. De ahí que frases como “a mí me dieron chancleta y no me traumaticé” sean recurrentes a la hora de justificar diferentes formas de castigo físico cuando se busca corregir el comportamiento de los hijos, desconociendo que en el fondo hay consecuencias y que los patrones de violencia se siguen replicando de generación en generación.