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Ilustración: Ana María Calderón

Los cantos de vaquería: la voz del llano

María Alejandra Calderón

Alix Herminda Pérez se levanta todas las mañanas a las 4:30 de la madrugada, calienta el tinto y se lo toma mientras contempla el paisaje que le regala la mañana con su esposo en su finca ‘La potranca’, en la vereda San Esteban en el Casanare.

Recuerda como si fuera ayer, cómo su padre le cantaba a los animales para domarlos, aquellos ‘cantos de vaquería’ según ella, definen la cultura llanera.

“Yo he me he tenido que mover de mi finca para el pueblo por la educación de mis hijos, pero siempre he ido formándolos con los principios llaneros con los que a mí me formaron, con ese amor al llano”, dice Alix.

Ángel Alberto, su niño de 10 años es conocido en la región por su gran destreza para ordeñar las vacas al ritmo de los cantos y silbidos que le enseñaron sus padres.

Los cantos de vaquería, o de trabajo llanero, son una tradición oral que se resiste a desaparecer. Ellos le cantan al ganado, a la naturaleza y a la vida. Parece un grito que les sale del alma y se esparce en la brisa. Son canciones que retumban en los verdes prados y ríos en los departamentos de la región llanera: Vichada, Arauca, Meta y Casanare.

Gobernación de Casanare

Foto: Gobernación de Casanare

La idea de los cantos nació hace más de 200 años, para crear una conexión entre el llanero y el ganado, al ver que eran unos animales agresivos y la mayoría de veces difíciles de manejar, más aún cuando el camino tardaba más de 4 días con 500 novillos en aquella época de extensos hatos.

“En el momento en que el ganado va entrando al corral, uno le va cantando, le va silbando. Uno muchas veces no puede estar y le dice a otras personas que hagan la tarea y ellos extrañan si no están las canciones” explica Alix.

Existen cuatro tipos de cantos: los de ordeño, el cabestrero (para llevar el ganado de un lado para otro), los de vela (para el momento que se lleva en un lote de ganado sin techo para que se tranquilice en la noche y no se mueva) y los de domesticación, todos entonados acapela.

“Si se amarró una vaca, se le cantó a esa vaca. A cada una se le da un nombre y se le hace una canción con ese nombre”. Alix le canta así a su becerra preferida: ‘Portuguesa’ un nombre que ha perdurado en las vacas de su familia:

Éstas canciones las han ido aprendiendo de generación en generación, las han llevado en la piel, y han traspasado las fronteras colombianas. No por menos, en el 2014 los ‘Cantos vaqueros’ fueron declarados patrimonio inmaterial de la nación por el Ministerio de Cultura.

“Lo que se aprende en cuna dura, eso lo aprendí yo y lo llevo en la sangre, ésta es nuestra cultura, éste es nuestro llano, esto es lo que nos mueve, a pesar que se ha ido perdiendo”, dice Alix con tono nostálgico mientras contempla el atardecer lleno arreboles.

Es por eso que en Villavicencio se realizan desde hace 5 años las ‘Cabalgatas ecológicas Gramalote’, allí llegan personas de todo el mundo y de todas las edades para entender el significado de ser campesino del llano. Y es que resulta tan atractivo, que según Jaime Echeverri administrador del lugar, “todo el que que viene resulta repitiendo”.

Campo ecológico Gramalote

Foto: Parque ecológico Gramalote

En las voces de los llaneros está una identidad que va mucho más allá de un lugar en la geografía, está en la sangre, en el sentimiento de quien ama su tierra y lucha para preservar eso que les ha enseñado la vida, esa sabiduría campesina que los hace felices.


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