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Adiós a Jaime Cortés: el compadre ‘Eleuterio’, cantautor huilense

Por Vicente Silva Vargas / Director de Radio Nacional de Colombia

Jaime Cortés Méndez era un músico tan andariego que una tarde cualquiera estaba en una fiesta en Natagaima, el otro día aparecía en una vereda del Caquetá y más tarde se le veía en un programa de televisión grabado en Bogotá. 

Cortés Méndez, nacido el 15 de octubre de 1947 en Garzón, Huila –donde se le conocía con el cariñoso apodo de ‘Calzones’ por vestir siempre pantalones muy anchos– fue un prolífico compositor que dejó más de 200 canciones, especialmente, bambucos, valses, pasillos, sanjuaneros y cañas. Entre otras creaciones se destacan 'La tambora caliente', 'Ceiba de la libertad', 'Tapetusa', 'Virgen de Chiquinquirá', 'Mi Natagaima', 'Rivera', 'Tierra de Villamil', 'Mi Florencia', 'Ramiro compositor', 'Flor del Tolima', 'Monterrey', 'Compositor de tienda', 'Caballo laboyano', 'Historia de caballos' y 'Don Carolo'. Una de sus últimas creaciones fue 'El Mártir de Armero', un vals en homenaje a Pedro María Ramos, el sacerdote huilense beatificado hace tres años por el papa Francisco.  

Su prima Carmen Castro dice que para este compositor, cantante e intérprete del tiple y la guitarra fallecido en Neiva el pasado 1 de septiembre, “Su vida consistía en ir a todas partes, cantando, componiendo y hablando a las carreras, como si el mundo se fuera acabar en pocos segundos”. Así también lo recuerda María Ruth Arboleda, la eterna guardiana del Museo de la Huilensidad Jorge Villamil, en Neiva: “Eleuterio vivía siempre en función de cantar en pueblos del Tolima, Huila, Caquetá y Cundinamarca, muchas veces con sus discos y casetes debajo del brazo, ofreciendo sus obras a bajo precio y, por lo general, con una dedicatoria al comprador”.

A Jaime se le conocía más como ‘Eleuterio’ que por su nombre de pila. Este apelativo surgió a principios de 2002 cuando aceptó la invitación de Lizardo Díaz, el compadre ‘Felipe’ del famoso dueto Los Tolimenses, de conservar la tradición cómico-musical de la sociedad que tuvo durante medio siglo con Jorge Ezequiel Ramírez, el popular ‘Emeterio’. La clave era recordar y homenajear con ‘Eleuterio”, al socio fallecido en Ibagué en octubre de 2001. 

El propio Lizardo comentaba que la pinta de Jaime Cortés –canoso, cachetón, acuerpado, colorado y campechano– el impecable manejo de tiple y un buen sentido del humor, ligeramente parecido al de ‘Emeterio’, lo impulsaron a crear esa nueva versión que mezclaba canciones andinas colombianas con chistes que muchas veces pasaban de blanco a verde.

Ambos, con el rótulo de ‘Eleuterio’ y ‘Felipe’, grabaron un CD, hicieron unos pocos programas de radio y fueron contratados para fiestas en pueblos y restaurantes. Pero la unión duró poco, quizá porque la hora de los duetos en la radio –cuando Los Tolimenses eran reyes del radioteatro musical– ya había pasado, pero también porque los contratos no abundaban. Además, la vida de gitano de Jaime hacía imposible la continuidad de una pareja, que necesitaba estar en permanente contacto para garantizar su supervivencia.

Mucho antes de su matrimonio artístico con Lizardo, Jaime conformó con Carlos Rodríguez el dueto Tolima Grande y con él grabó varios LPs y casetes, incluso, en los años 90 viajaron a Europa para unas presentaciones en varios países. Luego de la muerte de ‘Felipe’ en 2012, el cantautor huilense retomó su andadura musical por pueblos y ciudades y creó otro dueto con un compadre más joven, Obed Morales, guitarrista y segunda voz nacido en Armenia a quien decidió llamar ‘Tiberio’. En esta ocasión la nueva sociedad conservó el nombre de Tolima Grande, pero se le agregó un apellido: “Eleuterio y Tiberio, los nuevos Tolimenses”.

Su sobrina Paola Ortega Cortés contó a Radio Nacional de Colombia que Jaime “era un hombre tan celoso y cuidadoso con sus obras que conservaba todas las letras en un maletín de cuero que cerraba con llave como si fuera un tesoro”. De su tío, Paola recuerda las reuniones familiares en las que ‘Eleuterio’ echaba chistes de calibre pesado y cantaba sus propias melodías que intercalaba con obras memorables de Jorge Villamil, Ramiro Chávarro, Rodrigo Silva, José A. Morales y Cantalicio Rojas.

En Rivera, Huila, donde vivía en una vieja casona de la familia, el covid lo atacó sin darle tiempo de hacerle una canción burlona, como las que solía inventarse en las reuniones con sus hermanos Nubia, Hernán, Marta y Ernesto. La víspera de su deceso en un hospital de Neiva, el menor de la prole, Ernesto, ya había perdido la pelea con el virus. 

Sobre ‘Eleuterio’, al que según su familia los estamentos gubernamentales y culturales del Huila poco valoraron, su amigo Fernando Calderón España comentó: “Jaime no murió por el covid-19. Él murió como mueren los artistas, con dolores en el alma y el corazón”.