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Foto: Cesar Mauricio Olaya

Recorrimos las raíces del Cañón del Chicamocha

Por: Angélica Blanco y Heliana Ortiz. Radio Nacional de Colombia Santander

Cepitá, Aratoca, Los Santos y Zapatoca, fueron los destinos a los que llegó Radio Nacional de Colombia para contar cómo es la vida entre las montañas de Santander.

Desde pictogramas hechos por pueblos nativos hace miles de años, hasta relatos de quienes viven en el segundo nido sísmico del mundo, fueron parte de las historias que se recogieron en el cañón del Chicamocha.

La vida de los cerca de 34.000 pobladores de la zona transcurre entre la contemplación y el disfrute de los verdes, ocres o azules de las colinas y valles que los rodean, combinada con rutinas campesinas entre las que sobresalen: la cría de cabras, la producción y transformación de fieque y tabaco, la minería, además del turismo que empezó a convertirse en el combustible del desarrollo.

Sin embargo, al recorrer estos municipios, hay distintas realidades, tanto encantadoras, misteriosas e históricas, como crudas y, es que pese a estar ‘bañados’ por un serpenteante río: el Chicamocha, que finalmente se encuentra con el Suárez y el Sogamoso, algunos de estos pueblos no tienen agua potable y dicen estar olvidados dentro de un complejo que busca convertirse en Patrimonio de la Humanidad.

“Aquí se está a la espera de una visita técnica por parte de la Unesco, para saber si finalmente los más de 15 municipios que se encuentran circundantes al cañón se logran beneficiar de lo que esto significaría, no solo en materia turística, sino económica y de desarrollo para toda la región”, asegura Maylin Tatiana Jaramillo, secretaria de Cultura y Turismo departamental (del gobierno saliente), que destaca la importancia que tiene este accidente geográfico que se está formando hace 46 millones de años. Conozca aquí más sobre el Cañón del Chicamocha.

¿Cómo y por qué se formó el Cañón del Chicamocha?

Dicen los expertos que, en el pasado, el que hoy es el segundo cañón más grande del mundo con 108 mil hectáreas y el más profundo, con un promedio de dos kilómetros, fue un inmenso lago que permitió la formación de cavernas y albergó animales marinos.

Según Hagge Olaya, geólogo de la Universidad Industrial de Santander (UIS), “este ecosistema se formó porque cuando el río atravesaba las rocas, se iban formando valles por la corriente y la fuerza del agua, lo que quiere decir que cada vez se cavaban profundidades mayores que finalmente terminaban siendo erosionadas.

Pero a esto se le sumó el viento”, pues está ubicado en la Cordillera Oriental de los Andes Colombianos, hábitat de especies endémicas de flora y fauna que sobreviven a temperaturas entre los 11 y 32 grados centígrados de día y de noche.

Cepitá, uno de los municipios más seguros de Santander

En esta primera parada del recorrido, conocimos que los cepiteños denominan a su municipio como ‘el corazón del Chicamocha’ y no es para menos. Llegar a él es toda una aventura, pues se ‘esconde’ en la parte central del departamento de Santander y está enclavado en medio del cañón.

Tiene tan solo 2 mil habitantes que subsisten de las labores del campo, que se realizan en sus 14 veredas y de producir y trabajar productos cárnicos relacionados con la industria capicultora.

“Aquí se da la mejor carne de cabro, pues la profundidad del cañón permite que crezcan sueltos en la montaña y alimentándose de orégano y semillas especiales para que la carne salga prácticamente adovada”, dice Luz Ester Quiñones, dueña de Delicias la Nubiana y habitante de este territorio.

Pero en Cepitá también se cultiva desde maracuyá hasta café, porque goza de todos los pisos térmicos y es uno de los pocos municipios de Santander en donde no se registran homicidios hace más de 25 años, es decir es seguro por donde se le mire.

Aratoca, entre Panachi y las mestizas chicharronas

A muchas mesas colombianas llega el pan que lleva el nombre de este pueblo situado entre la carretera Bucaramanga- San Gil- Bogotá, un recorrido que hacen al día miles de viajeros y mestizas chicharronas compradas por ellos como regalo a parientes en forma de souvenir o simplemente para disfrutar del sabor del producto más emblemático de la Panadería Aratoca, fundada en 1963.

En territorio de este municipio también está ubicado el Parque Nacional del Chicamocha, mundialmente conocido como Panachi, que recibe cerca de 300 mil visitantes por año. Allí, hay atracciones para diversos gustos desde la contemplación hasta un teleférico que atraviesa el cañón con llegada al municipio de Los Santos y que permite disfrutar desde la perspectiva aérea la belleza de la cordillera.

Pero pese a los grandes recursos que se recoge por el acceso y uso del Parque, mucho más debería tocarle como beneficio a los aratoqueños, asegura el alcalde Pedro Julio Corredor.

“Nosotros del parque hemos recibido el beneficio de los empleos que ha generado a los habitantes de Aratoca, pero no recibimos aportes directos del parque (como Municipio). Y yo invitaría a la Mesa Directiva a que nos entreguen un remanente de los ingresos, y que no lo den en pesos sino en obras, como prioridad acueducto o alcantarillado”, propone el mandatario.

Con 11 mil habitantes y 269 años de fundación, Aratoca carece de un acueducto proporcional a sus necesidades y durante las temporadas de sequía de cada año, queda a expensas de racionamientos y distribución del agua potable que traen en carrotanques.

Los Santos, el municipio en donde más tiembla en Colombia

Este recorrido también llegó hasta Los Santos, municipio reconocido por ser uno de los más cercanos al área metropolitana de Bucaramanga, por sus atractivos turísticos y porque allí está ubicado el segundo nido sísmico con mayor actividad en el planeta después de la región del Hindu Kush, ubicada en Afganistán y superando a los montes Cárpatos, en Rumania.

Según el Servicio Geológico Colombiano, Santander es una de las zonas de mayor sismicidad y cerca del 50 % de los movimientos telúricos del país se registran en esta zona, en donde tiembla aproximadamente 40 veces al día y 9 mil al año.

“Ya nos acostumbramos a esto y se da porque en la parte baja del cañón hay una falla tectónica, por lo tanto, el nido sísmico libera energía y no lo sentimos. Nosotros sabemos que tiembla solo cuando miramos en internet y vemos cuántos sismos se han registrado”, explica Manuel Salazar, comandante de Bomberos de Los Santos.

Él además detalla que, pese a que no pase nada grave desde hace casi una década, se tiene todo un plan de emergencia: caninos certificados en búsqueda de desaparecidos, capacitan constantemente a los colegios y a las comunidades y las alarmas están encendidas en la Unidad de Gestión del Riesgo departamental.

Sin embargo, esta región también es reconocida por poseer uno de los secretos mejor guardados de los indígenas guane: sus pictogramas.

En cientos de imágenes y arte quedaron plasmadas las historias que vivieron estas comunidades indígenas, y que fueron contadas en las formaciones rocosas del cañón que saltan a la vista, en los recorridos que se pueden hacer por las cuevas ‘escondidas’ en las entrañas de la tierra dentro del Chicamocha.

“Acá tenemos más de 15 mil pictografías en 25 cuevas, sin embargo pocas personas conocen toda la historia que se escribió en el pasado gracias a los guane, que vivieron en la tierra hasta el siglo XVII y que nos dejaron tumbas indígenas, arte, historia, telares, caminos y tradiciones como las de tejer en fique, hacer cerámicas y construir de una manera particular“, concluye Nelson Ramírez, guía y conocedor de la cultura.

Lamentan los santeros, que el Museo Guane, con 750 piezas arqueológicas de esta comunidad que representa al Santander prehispanico, esté ubicado en el Parque Panachi de Aratoca y no aquí. 

Zapatoca, “La ciudad del clima de seda” y la solidaridad

Muchas historias hacen célebre a Zapatoca, pero la más contada es que aquí terminó su vida el aventurero y empresario alemán Geo Von Lenguerke, pionero del desarrollo del departamento en el siglo XIX, en una travesía que fue inmortalizada en el libro y la telenovela ‘La otra raya del tigre’.

Lenguerke, construyó, entre otras cosas, caminos empedrados que unieron a varios pueblos de Santander con el río Magdalena y así el comercio nacional e internacional fluyó por esta zona.

Los viejos caminos se conservan en Zapatoca como si el tiempo se hubiera detenido y se han convertido en uno de sus atractivos turísticos. En general todo allí permanece casi intacto, resultado de un esfuerzo consiente por mantener la arquitectura colonial y republicana con que se levantó, primero desde su fundación en 1743 y de quienes llegaron después con sus formas de construcción extranjeras en la colonización de este territorio.

Los zapatocas, como se les llama por su gentilicio, han ganado fama de tacaños, pero según la historiadora Sonia Serrano, es una crítica inmerecida, que no es un defecto sino una virtud surgida de la necesidad de ahorro que tuvieron que desarrollar por vivir en una región agreste, “de tierras áridas y poco fértiles”, asegura.

“No somos tacaños y nos esforzamos tanto en demostrarlo que nos volvemos generosos. La prueba es que aquí hay un barrio, el San Vicentico, que fue donado por los zapatocas a personas necesitadas de vivienda y si usted se fija es el más bonito. El Hospital, la iglesia, dos colegios y la Casa de la Cultura, todos se hicieron con dinero recolectado por la comunidad”.

Esta Expedición terminó, inevitablemente, en el Mirador Los Guane: el alto de una montaña, desde donde se divisa el encuentro de los ríos Chicamocha y Suarez, 8 municipios de Santander que hacen parte del cañón, las carreteras empolvadas que los comunican y como si fuera un milagro, pese a la distancia y las limitaciones del ojo humano, muchas cuevas y cavernas, que se formaron millones de años antes que nosotros.