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Foto cortesía: Fundación Cardiovascular de Colombia

Con el corazón en la mano, historia de 21 vidas que se salvaron en Santander

Por: Angélica Blanco. Radio Nacional de Colombia Santander.

Con el corazón en la mano, en una cartera o estuche, viven hoy 21 personas: una de Ucrania, otra de Venezuela y 19 de seis departamentos del país, gracias a 30 profesionales de la Fundación Cardiovascular de Colombia (FCV), ubicada en el municipio de Floridablanca, Santander.

Allí, hace 60 meses, es decir, cinco años, se implantó el primer corazón artificial de Suramérica. Desde entonces sin latidos, ni pulsos, una veintena de personas han pisado tierras santandereanas para volver a la vida.

Todos coinciden, entre lagrimas o risas, “que vivir se convirtió en un reto y éste se superó gracias a varios equipos de doctores, enfermeras, terapeutas y científicos que se dieron a la tarea de salvar vidas y regalar esperanza desde el 2014” con un pequeño artefacto que cabe en la palma de una mano.

Se trata del HeartMate II y el III. Ambos son de color plateado con blanco, fueron diseñados por un par de ingenieros de la NASA y cumplen una misma función: mantienen en este mundo a quienes ya no tienen posibilidades de tratamientos o trasplantes y, se implantan en el interior del pericardio (membrana que envuelve el corazón), para así unirlas al ventrículo izquierdo (una de las cuatro cavidades de este órgano), pero también a la aorta (arteria que lleva sangre oxigenada a todo nuestro cuerpo).

En su mayoría, los 21 HeartMate’s han sido financiados por el sistema de salud de usuarios que, en su ardua lucha —incluyendo tutelas— lo han logrado.

La primera paciente fue la santandereana Cielo González. Nació en Albania en 1958. Dice que le agradece precisamente al cielo la segunda oportunidad que le dio Dios y la FCV después de sufrir de una falla cardíaca avanzada, enfermedad que le arrebató la vida a tres de sus hermanos y, que de no ser por el HeartMate, hubiese corrido con la misma suerte.

Le implantaron esta tecnología en el 2014. Fue la primera mujer de Colombia y de Suramérica en tener un corazón sin latidos, algo inimaginable en el pasado, “y hoy me siento de maravilla”.

Cielo no habla mucho, pero cuando recuerda su pasado, menciona a sus alumnos. Fue profesora durante 30 años en el pueblo donde nació y relata que cuando empezó a enfermarse del corazón “no podía respirar bien. Me fatigaba hasta bañándome y sentía que no daba más. En un momento los doctores me dijeron que no habían más esperanzas. Afortunadamente me pensionaron a mis 55 años y ahí empecé todo un proceso que me llevó a encontrar este cambio”.

Ella, como los 21 pacientes que se someten a un implante de corazón artificial debe asistir a varios controles al año, no puede sumergirse a una piscina, al mar, a una tina de baño, a equipos de resonancia magnética nuclear, debe alejarse de los objetos electrónicos y sus compañeras inseparables de por vida serán un par de pilas o baterías, ésto para que su corazón mecánico siga bombeando y dándole impulso a un motor que gira unas 5 mil 400 revoluciones por minuto.

“El HeartMate sin duda ha sido esa segunda oportunidad que toda persona que no tiene más posibilidades merece. Sin embargo, pese a que la tecnología hoy es magnifica aún tenemos una tarea pendiente en Colombia: generar la cultura de la donación. Una persona no es consciente de la importancia de ello hasta que un familiar lo vive o alguien cercano”, asegura Leonardo Salazar, director del programa de ECMO y Corazón Artificial de la FCV, uno de los encargados de que actualmente Cielo y 20 personas estén protagonizando esta historia.

El médico también añade que la idea es que el colombiano empiece a tener dentro de su pensamiento la posibilidad de donar cuando se pueda. “Pasa algo extraño y doloroso. Muchos de nuestros pacientes terminan enterrados en el país por falta de cultura, porque la gente aún no es consciente que tan solo un cuerpo humano puede donar órganos, córneas, tejidos, manos, rostro, células, sangre y plaquetas”.

La lista al momento de las personas que están a la de trasplantes con urgencia en Bucaramanga y los municipios del área metropolitana ya haciende a 9 “y esperamos que ellos cuenten con suerte”, concluye.

Por su parte Tomás Gómez, quien nació en Bogotá, da fe de que cuando las cosas se hacen a tiempo dejan grandes resultados.

Él tuvo síntomas de una enfermedad cardiaca hace 12 años. Afirma que desde aquel momento sabia que no iba a vivir con un corazón humano y hoy sus ojos brillan, le sonríe a todo el que se cruza en su camino y cuando habla del HeartMate toca su pequeña mochila negra. A simple vista se ve como un cómodo espacio en donde se puede guardar una billetera, un celular y un par de llaves, pero no, colgando de uno de sus brazos, lleva su corazón.

 “Esto lo sacude a uno. Vuelves a tener esa ilusión trabajar, de tener una actividad normal, de levantarte, poder caminar, disfrutar a tu familia y definitivamente te cambia el panorama y la forma de ver el mundo. Es necesario que no sean solo cinco años los que se celebren sino muchos más en los que como yo, Cielo y los demás pacientes, disfruten de tener el corazón en la mano y agradecer por ello”, detalla.