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Las últimas chicoteras de Piedecuesta que se niegan a dejar desaparecer el oficio

En Piedecuesta, Santander, más de 4 mil familias se dedican en la actualidad a la producción de tabaco.
Historia de las últimas chicoteras en Piedecuesta
Crédito: Radio Nacional de Colombia
Juan Jacobo Lozano

Piedecuesta, Santander, huele y sabe a tabaco. Y es que no es para menos, las primeras fábricas de este producto datan de la fundación del municipio, en el año de 1774.
 
“Piedecuesta es tabacalera desde su propia fundación, lleva más de 200 años fabricando tabaco.  La industria fue disminuyendo poco a poco, le empezaron a imponer muchos impuestos al tabaco, entonces eso es como un lago que se va secando y queda uno solo, y quedamos acá en Santander, específicamente Piedecuesta, desde entonces han pasado unas 5 generaciones tabacaleras”, expresó Gabriel Pico, uno de los conocedores de la historia del municipio y productor de tabaco.
 
Cientos de mujeres han crecido entre las hojas del tabaco y en sus recuerdos de infancia guardan la imagen de niñas chicoteras.
 
“Yo empecé como desde los siete años porque mi mamá tenía fabriquín, ella empezó a enseñarme a emperillar y a torcer, y desde los 8 empecé a hacer tabaco, desde muy pequeña empecé esta labor”, aseguró Mercedes Flórez recordando sus épocas de infancia.

Historia de las últimas chicoteras en Piedecuesta
 
Hay manos más ágiles que otras, como las de Hermes Rueda Chacón, un hombre que desde los 12 años se dedica a este oficio. Por día logra hacer 5 mil rollos de tabaco.
 
“Esto se llama hacer rollos, el proceso es el capote, a la máquina y ya. La experiencia y la agilidad se van ganando con el pasar de los años, en mi vida yo solo me he dedicado a este oficio, al que le debo todo”, dijo Hermes Rueda mientras envolvía los rollos de tabaco.
 
Pese a que esta industria del tabaco sigue viva en Piedecuesta, los años anteriores fueron mejores.


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“El censo para el año 2000 reflejaba que en Piedecuesta había 7.500 familias haciendo tabaco, y hoy en día con la encuesta hecha por la alcaldía hay 4 mil familias que persisten en este oficio. Cada mes en Piedecuesta se hacen 22 millones de tabaco en Piedecuesta, sin embargo en la década de los 90 alcanzamos a fabricar 35 millones de rollos de tabaco“, dijo Gabriel Pico.
 
Las chicoteras dicen que este oficio podría morir, que está envejeciendo. Las nuevas generaciones ya no se interesan por este negocio.
  
“Este oficio es de adultos, a la juventud hoy en día no le gusta, no le gusta trabajar esto. Mi hijo por ejemplo prefiere dedicarse a otros oficios pese a que él sabe. En los fabriquines de Piedecuesta solo hay señoras de edad haciendo tabaco. Yo digo que uno se va muriendo y se va muriendo este oficio, tristemente la vida es así”, expresó Mercedes Flórez, una de las chicoteras del municipio.
 
La hoja del tabaco llega a Piedecuesta de municipios aledaños como Jordán, Cepitá, Los Santos, Girón, Capitanejo, o de Norte de Santander como Ábrego, e incluso, de los Montes de María en el Carmen de Bolívar. Luego del proceso de transformación, se va a diferentes regiones de Colomba.
 
“En Piedecuesta el consumo es mínimo, el tabaco se comercializa en todo el país, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil”, dijo Gabriel Pico.
 
Manuela Beltrán, la comunera que rompió el edicto de nuevos impuestos al tabaco y otros productos en 1781, y el monumento a la santandereanidad, que está ubicado en el Parque Nacional del Chicamocha, precisamente sobre una hoja de tabaco, dan fe de que Santander es tierra tabacalera y que el corazón de este producto sigue vivo, al menos en la actualidad, en Piedecuesta, el municipio chicotero de Colombia.

 

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