Íquira, Huila: Mujeres y café son sinónimo de reconciliación
El corte de cinta con los colores verde, azul y amarillo, de la bandera de Íquira, Huila, marcaron el inicio de la realización de uno de los sueños de la Asociación de Mujeres Agropecuarias de Lejanías Íquira–ASOMALI–: tener su propia tienda de café.
La organización, liderada por dos mujeres firmantes de paz e integrada por mujeres campesinas y víctimas del conflicto armado, inauguró la Tienda cafetera de los iquireños. Bautizarla así es una manera de resaltar su compromiso con el territorio y con la paz.
“Esta apuesta es la primera tienda-cafetería Iquireña, donde no solamente se van a ofrecer productos de café, sino que también se le ofrece al caficultor una tienda de exposición a donde puede traer su producto y que también este punto se vuelva una vitrina de turismo”, comenta Katerine Medina Bastidas, firmante de paz, miembro de la junta directiva de Asomali.
Construir este espacio físico contó con el apoyo de la Alcaldía Municipal, el acompañamiento de la Misión de Verificación de la Organización de las Naciones Unidas – ONU– y la Agencia para la Reincorporación y Normalización –ARN–; y se da luego de que la Asociación resultó beneficiaria de la estrategia ‘Mujer Rural Soberana’, de la Vicepresidencia de la República, que les entregó máquinas de torrefacción para agregarle valor a su producto.
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“Nosotros las escogimos porque han estado juiciosas en el ejercicio de vincular a la mujer en estos procesos tan bonitos y estamos seguros de que esta tienda va a hacer esa exaltación a todas las marcas de café del municipio, es la vitrina de nuestra identidad”, resaltó Rubén Darío Castro, alcalde de Íquira.
El municipio está ubicado en el occidente del Huila y es una zona predominantemente cafetera, con cerca de 1500 familias cultivadoras del grano. La tienda también será un centro de acopio de lo que se cosecha en la zona.
Autonomía económica para las mujeres
Asomali son quince mujeres del municipio de Íquira y la tienda de café muestra lo que pueden hacer las manos de las campesinas.
“Todas madres cabeza de hogar, mujeres adultas y jóvenes. Primero empezamos a transformar, a tostar artesanalmente. Allí empezamos a generar esos recursos base para la organización. Luego con la Vicepresidencia fue todo un año de capacitación y se nos dotó de maquinaria sofisticada como tostadora, molino, selladora”, relata Katerine sobre la evolución de sus procesos.
De esta manera, han logrado transformar sus vidas y vender su café al consumidor final sin intermediarios.
“Cada una recibimos ese ingreso directamente, esos ingresos se retornan un porcentaje a la organización, pero casi el 50% se queda para las mujeres que transforman el café, porque la idea es lograr la autonomía económica de la mujer. Ha sido una lucha muy grande para que estas mujeres puedan creérselas, convencerlas de que pueden generar ingresos para ellas y también apoyar a sus familias”, agrega.
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Para Katherine, sus compañeras y muchas familias colombianas, el café es un camino hacia la paz, un recorrido que merece esfuerzo, persistencia y motivación continua para que la meta siga viva en el horizonte.