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Paciencia y persistencia, valores de las madres que pueden salvar vidas

Paola Rujana le ha salvado la vida a su hija desde el momento en que nació. En palabras de ella, "ser terca las sostiene a diario".
Yesenia Polanía

Después de que Paola Andrea Rujana quedó embarazada, ser madre se convirtió en la razón más profunda de su felicidad. Ella vive en Rivera, en el Huila, junto con su esposo y su bebé que recién cumplió dos años de vida.

Apenas comenzaba la pandemia cuando nació Ana Lucía, su bebé, la pequeña “Anita”. Contrario a lo que les dijeron durante el embarazo, la niña nació con múltiples dificultades de salud, los médicos le diagnosticaron Síndrome de Appert, Asociación Vacterl y sospecha de Síndrome de Charge; lo anterior le pronosticaba a Ana Lucía máximo una hora de vida.

Como mamá, Paola Andrea siempre se negó a aceptar que su bebé no iba a vivir un solo día. Luego de tenerla en sus brazos por primera vez, se prometió hacer todo lo que estuviera a su alcance para compartir la mayor cantidad de momentos con su recién nacida “Anita”.

Fue terca, ella misma lo dice, y lo ha venido siendo por un poco más de dos años, justo lo que acaba de cumplir la bebé. Desbloqueó una a una las barreras que le ponían con respecto a lo que podría hacer o no su bebé desde el momento en que nació.

Le dijeron que no iba a ver y Ana Lucía observa con claridad, que no iba poder escuchar, y ella sonríe al escuchar a su mamá, que tampoco iba a gatear, y hoy en día trata de dar sus primeros pasos.

“Una vez le pregunté al médico qué significaba la dificultad que mi hija tenía en su columna por la ausencia de un huesito, él me dijo que era sencillo responder: que mi hija no podría caminar nunca. Sin embargo, hace más o menos un mes Ana Lucía caminó y hoy va y viene por toda la casa”, dice Paola, con todo el orgullo de ver todos los logros y avances que ha venido teniendo su bebé.

La fortaleza ha sido inmensa, el apoyo de su esposo también lo ha sido y eso se ha visto reflejado en cada día que le va ganando a la vida de Ana Lucía. Muy consciente de las distintas situaciones, cirugías e intervenciones a las que se ha sometido la bebé y que seguramente seguirá realizando, ella insiste a diario en que puede brindarle todo el amor y para que Ana Lucía continúe dejando risas al caminar por toda la casa.

Se refiere a sí misma como una “mamá luchona” y con inmensa alegría dice que a diario se deja sorprender con todas las capacidades que la bebé ha demostrado desarrollar. “Una niña amada, carismática y fuerte”, el reflejo de todo lo que su madre ha sido con ella.

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