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Tras las huellas de García Márquez, en la Antártida, África y el espacio exterior

El escritor Álvaro Santana-Acuña prepara la reescritura en español la obra que él define como la biografía de ‘Cien años de soledad’.
Impacto de Cien años de soledad en el mundo | Literatura
Foto: Cortesía de Álvaro Santana-Acuña
José David Oquendo

Cuando se planteó escribir sobre la carpintería secreta de ‘Cien años de soledad’, hace aproximadamente una década, el español Álvaro Santana-Acuña pensaba que sería una labor en la que solo invertiría unos pocos meses de su vida. 

A medida en que ahondaba en una obra que equipara a el Quijote de Cervantes Saavedra, descubrió que tenía material suficiente como para justificar un proyecto más ambicioso.

Santana-Acuña, doctor en sociología por la Universidad de Harvard y docente del Whitman College, publicó así en 2020 ‘Ascent to Glory: how one hundred years of solitude was written and became a global classic’, un libro que desentraña ‘Cien años de soledad’. 

Al año siguiente, ya como curador de la exposición del archivo del nobel, vino el libro titulado ‘García Márquez: vida, magia y obra de un escritor global’, un “libro-catálogo” que, según el investigador, se inserta entre las biografías escritas por Gerald Martin y Dasso Saldívar porque “enriquece otras partes de la vida de García Márquez sobre las que teníamos poca información.


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Por ejemplo, la correspondencia con Guillermo Cano (exdirector de El Espectador) en un momento en que vive en París y pasa penalidades económicas y personales para poder escribir.

En diálogo con Radio Nacional de Colombia, este confeso amante de la literatura, que ha sido jurado del premio Gabo, repasa varios aspectos relacionados con su trabajo en torno a la figura del afamado escritor.

¿Al iniciar la biografía de ‘Cien años de soledad’ no tuvo la sensación de que sobre la obra y su autor ya se había dicho todo? 

Yo era de los primeros que pensaba que sobre ‘Cien años de soledad’ no había nada nuevo que aportar, por eso me dediqué a una parte no tan conocida: cómo ‘Cien años de soledad’ había sido recibida en diferentes países del mundo. 

En ese proceso de recopilar información sobre cómo había sido leída en China, en el Pacífico, en Francia, en África hasta en la Antártida encontré una persona que se había llevado el libro para un viaje, fui encontrando documentos sobre la creación de la novela, y me di cuenta de que la novela estaba rodeada de mitos, de leyendas, y que faltaban detalles que descubrir sobre cómo García Márquez la escribió.

Eso fue lo que me animó a que lo que era un artículo sobre la recepción de ‘Cien años de soledad’ se fuese convirtiendo, poco a poco, en un libro en el que yo me remontaba a los orígenes de la obra. 

Además, me animé a escribir una versión en español que incorpora más información; el libro no es una traducción, sino una reescritura. Lo veo como un libro gemelo.

Impacto de Cien años de soledad en el mundo | Literatura

¿Cómo fue el proceso de interpretar un contexto tan complejo como el de ‘Cien años de soledad’?

Una de las cosas más importantes es recordar que, para García Márquez, ‘Cien años de soledad’ es una obra de literatura caribeña a la que le fue añadiendo varias capas: literatura colombiana, latinoamericana, occidental, y, luego, literatura universal. 

Soy europeo y me siento afortunado porque soy de una región de Europa que comparte muchas similitudes con el Caribe, y es Canarias, que está en frente de Marruecos y es parte de España desde que Colón llegó a América. 

Curiosamente, todas las tragedias y grandezas asociadas a la conquista ocurrieron previamente en Canarias, desde la presencia de vírgenes en la costa hasta el diseño de ciudades creadas desde la nada como Macondo, la presencia del estado, el machismo y el patriarcado… 

Todos esos son elementos que forman parte de mi cultura. Cuando me enfrenté a ‘Cien años de soledad’ no solo lo hice como alguien que se educó en la cultura europea, sino como alguien que mamó desde la cuna ese extracto de la cultura caribeña que está en Canarias.

Hay un personaje de ‘Cien años de soledad’ que en su retorno a Macondo pasa por las Islas Canarias y trae consigo canarios para repoblar con pájaros el cielo de Macondo. También hay menciones a los canarios en ‘Vivir para contarla’ y en ‘El general en su laberinto’ se dice que Bolívar habla con acento canario. Es curioso porque García Márquez era consciente de que Canarias formaba parte del Caribe extenso.

¿Qué nexos ha encontrado, sumergiéndose en ‘Cien años de soledad’ entre García Márquez y el río Magdalena?

El río y los espacios acuáticos ocupan un lugar importante en su imaginario. Junto a Álvaro Cepeda Samudio, desde muy jóvenes cuando García Márquez empezaba a escribir lo que él llamaba ‘La casa’ y que luego se llamaría ‘Cien años de soledad’, tenía claro que esta historia se centraría en La Ciénaga, que está entre los municipios de Ciénaga y Aracataca, y que aparece en la obra de Cepeda Samudio.

Lo interesante es que García Márquez acabó compartiendo su vida con una persona que tenía muy presente el río Magdalena desde su infancia: Mercedes Barcha Pardo. 

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Una de las joyas que encontré en el archivo de García Márquez es que la primera persona de la familia que ganó un premio literario fue Mercedes, quien cuando tenía 13 años (en 1947) ganó un premio con un ensayo sobre la importancia del río Magdalena.

Al plantear una biografía de ‘Cien años de soledad’ se le confiere vida propia a una obra. ¿Esto define la forma en que fue recibido el libro en todo el mundo?

Algo que hice en el libro fue desmontar los mitos, pero no para restarles importancia, sino para descubrir la historia que se esconde detrás.

Eso implica hablar de una biografía porque la historia de ‘Cien años de soledad’ comienza antes del nacimiento de García Márquez. 

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Entender la imaginación que respalda el libro es entender su éxito, y ese éxito no se debe solo a lo que García Márquez pensaba, sino a que nació en un mundo que le transmitió historias que luego él pasó a las páginas, y a la compañía de otros autores que plasmaron historias semejantes en América Latina. Ese mundo que él logró novelizar es un mundo compartido con otros escritores.

Un libro es un ser vivo. ‘Cien años de soledad’ tardó 40 años en nacer, es producido y, si tiene suerte, tiene una vida inmortal como un clásico.

Esta obra goza de esa vida más allá de la página escrita, tiene una resonancia universal y la podemos encontrar en canciones, obras de óperas, cuadros, nombres de platos, plazas públicas…

¿Y qué hay del viajero que se llevó un ejemplar de ‘Cien años de soledad’ a la Antártida? ¿Cómo caló el libro en Trinidad y Tobago, en China…?

Es una de las partes más bonitas de la investigación: descubrir cómo hay lectores que, por diferentes razones, se sienten fascinados. En los años 80, una expedición que circunnavegó la Tierra de polo a polo (la travesía duró un año) llevaba un explorador que cargó en su equipaje un ejemplar de ‘Cien años de soledad’. Esto muestra cómo el libro empezaba a tomar la condición de clásico.

En Filipinas, un inversor decía recordar cómo García Márquez narraba, al comienzo del libro, el descubrimiento del helado. Es simpático porque se confundió con el descubrimiento del hielo. 

En mi libro acumulé información sobre más de 90 países y 17 idiomas. Acabé marchándome fuera de la Tierra, porque otra cosa curiosa que pasa con los clásicos es que le dan nombre a estrellas u objetos celestes. Algunas lunas tienen nombres de personajes de Shakespeare, algunos accidentes geográficos en el espacio se llaman igual que algunos personajes de Cervantes y el Quijote.

En 2019, la Unión Astronómica Internacional decidió que una estrella que está a 91 años luz de la Tierra se llamara Macondo. Y lo más bonito es que uno de los planetas que gira a su alrededor se llama Melquíades, en homenaje al gitano que cada cierto tiempo vuelve a Macondo con nuevos inventos.

¿Y cómo fue la resonancia de ‘Cien años de soledad’ en África?

La obra ha influenciado a varios autores en Sudáfrica. He encontrado referencias en textos parlamentarios: en Nigeria, un parlamentario habla sobre una reforma política y usa palabras de ‘Cien años de soledad’. También algunos escritores de Egipto han encontrado allí una historia que les encanta y un ejemplo literario. En Marruecos…

La nómina es larga y es algo que el propio García Márquez no se imaginaba en su soledad y pasando penalidades económicas mientras escribía el libro.

En el mejor de sus horizontes pensaba que esa novela tendría un éxito similar al de otras publicadas en aquella época como ‘Rayuela’ o ‘La ciudad y los perros’. Sin embargo, se publicó y tuvo un éxito extraordinario.

Desde la sociología, su profesión de base, ¿qué claves se pueden encontrar para explicar el fenómeno?

También soy historiador de formación, lo cual me vino bien para ese trabajo de investigación, y un amante de la literatura. Entonces mezclo todo esto para nutrirme y ofrecer un nuevo punto de vista.

Ciñéndome estrictamente a la sociología, nos permite entender los patrones más allá del papel individual; es decir, García Márquez era un gran escritor, pero la sociología nos permite entender cómo él busco profesionalizarse durante 30 años y cómo la industria editorial de la época se estaba profesionalizando.

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Y qué tipo de habilidades fue adquiriendo García Márquez mientras escribía cuentos y que le posibilitaron escribir ‘Cien años de soledad’.

Recordemos que él tuvo la idea de escribir ‘Cien años de soledad’ a los 23 o 24 años, pero él reconoció que no estaba capacitado para escribirla. Una cosa que hago yo es reconstruir los 15 años largos en que se convirtió en un escritor con las destrezas, el bagaje y los contactos suficientes para escribir esta obra.

¿Cómo ha cambiado la relación entre García Márquez y las ciencias en general? Famosos fueron sus choques con los racionalistas que cuestionaban varios sucesos de ‘Cien años de soledad’.

Es un aspecto fundamental. García Márquez forma parte de ese linaje que arranca desde antes de la Biblia y tratan de recordarnos que la realidad no solo tiene un lado racional, sino otro inexplicable. Y eso lo consigue con ‘Cien años de soledad’.

Eso por un lado. García Márquez, a la hora de escribir, era poco mágico y muy realista, estratégico; era extraordinariamente profesional, disciplinado, no tenía reservas en tachar un pasaje estéticamente bonito si sentía que no le servía para enganchar al lector. Era, en ese sentido, muy racional y tenía en cuenta la posible reacción del público. 

Por ejemplo, en mi libro menciono las cartas en las que él llama a amigos suyos a quienes les leyó cara a cara el capítulo del ascenso de Remedios, la Bella, para convencerse de que los lectores, a pesar de que era un sujeto mágico, se creyeran la versión de la historia. Es un enfoque científico. García Márquez hace un experimento literario y quiere testearlo delante de sus lectores. Al menos en su manera de entender la creación literaria él era realista, racional. 

El proyecto de traducir tu libro al español coincide con la publicación de ‘Gabo y Mercedes: una vida’, de Rodrigo García Barcha…

Yo entrevisté a Rodrigo y me pareció una obra hermosa que va más allá de Gabo y Mercedes. Nos muestra un mundo que cada vez es más real y dominante. Por suerte nuestros padres y abuelos tienen una esperanza de vida más larga y nos pueden acompañar más tiempo, pero eso va unido a temas delicados como la salud.

La memoria de Rodrigo la veo con un documento sobre cómo afrontar la enfermedad de unos padres mayores, siendo uno de ellos uno de los escritores más importantes en lengua española.

Rodrigo revela, de forma muy elegante y mesurada, detalles importantes sobre los últimos años de Mercedes y Gabo. Se puede ver que García Márquez volvía a Aracataca y hay momentos de confusión en que pide que lo lleven a la casa donde había convivido con su abuelo. Eso confirma hasta qué punto, para entender su personalidad y su imaginario, hay que remontarse a la infancia que lo marcó.

García Márquez era muy celoso con su vida privada, con su proceso creativo. Se sabe que quemaba borradores de sus escritos y correspondencia íntima. Revisando su archivo, ¿se ha encontrado con pruebas en esa dirección? ¿O, por ejemplo, algún rastro de su hija extramatrimonial?

Respecto a los originales de sus obras, García Márquez estuvo durante la mitad de su vida yendo de un país a otro. Estar cargando con papeles no era práctico, por eso de su archivo, antes de ‘El otoño del patriarca’, lo que se conserva es poco. Y las correspondencias de sus amigos que vivían en un sitio fijo y conservaron las cartas.

Cuando él llega a México echa raíces y podemos ver cómo empieza a acumular manuscritos. Entonces podemos reconstruir su proceso creativo.

Sobre su vida privada, y yo también soy celoso de mi vida privada, dejo que la actualidad siga su curso y recibí con sorpresa la noticia de que él había tenido otra hija. Y ahí quedó. 

¿Qué referencias hay en el archivo de ‘En agosto nos vemos’, la novela que García Márquez no pudo publicar en vida?

La novela, al final, tiene la palabra “fin”. Conociendo a García Márquez y su capacidad de autoeditarse, seguro le faltan esas últimas capas de autoedición que le permitían ser un excelente escritor.

El libro está en manos de su agencia, de su familia, y tienen el deseo de que ‘En agosto nos vemos’ sea lo más próximo a lo que García Márquez pudo tener en mente, teniendo en cuenta que era una obra tardía y que muchas de sus facultades como narrador estaban mermadas.


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Por último: todo el que le ha seguido la pista a García Márquez se ha enfrentado a su carácter mamagallista que suele despistar a los curiosos. ¿Cómo le fue sorteando esto?

Yo experimenté en primera persona esa forma de ser mamagallista. Por ejemplo, aunque no lo he podido documentar, García Márquez dice que tuvo la epifanía en que comienza la historia de ‘Cien años de soledad’ cuando iba con su familia conduciendo desde Ciudad de México hasta Acapulco, y que en ese momento se le cruzó una vaca y se le ocurrió la epifanía.

Yo creo que en ese viaje ya tiene la historia madura, pero no fue un animal lo que se le cruzó, sino un restaurante que estaba a mitad de camino que se llamaba ‘La vaca negra’ y era famoso porque la gente se detenía allí a descansar. 

De ser así, seguro tuvo la claridad de cómo contar la historia. Uno siempre trata de buscar entre líneas lo que él dijo y en el libro consigo ver mejor las historias detrás de las historias que él contaba.

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