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Maestro páramo: recorriendo los caminos del agua y la vida

En Colombia se encuentra el 50% de los páramos del mundo.
Cultura
Foto: Enmarca Colombia
Leonel Vásquez
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Los páramos son socioecosistemas fundamentales para Colombia, desempeñan una labor constante en la regulación hídrica, la provisión de agua, el almacenamiento de carbono, aportando al control del calentamiento global, entre otros. En Colombia se encuentra el 50% de los páramos del mundo, y ocupan una superficie cercana al 3% del área continental del territorio nacional, que aunque pueda parecer muy reducida, le presta servicios ecosistémicos a 20 millones de personas incluidos los siete millones de campesinos que viven dentro de estos ecosistemas (Sarmiento et al., 2013). Sin embargo, el uso excesivo de los servicios ecosistémicos provistos hoy tienen a estos entornos en un estado crítico.


Los campesinos de estos lugares han tenido que adaptar sus modelos ancestrales de pervivencia, presionados por los impactos de las políticas económicas de las últimas décadas, que han estructurado las actividades y formas de uso y producción de las tierras: los monocultivos, la utilización de abonos y herbicidas nocivos para el medio ambiente, la expansión de la frontera agrícola, contaminación de las aguas, el aprovechamiento descontrolado de biodiversidad, entre otras prácticas, no solo pone en riesgo la vida de los páramos sino de sus habitantes y de quienes dependen de los servicios ecosistémicos.


Sumado a esta situación, los proyectos de desarrollo minero y afectaciones negativas por el cambio climático, han acrecentando su estado de vulnerabilidad. Está circunstancia determinó que en el año 2018 se sancionará en el Congreso de la República la ley 1930 o Ley de páramos, disposición que fija directrices que propenden por su integridad, preservación y restauración a través de acciones como  limitar las actividades agropecuarias y mineras en estos ecosistemas. Los alcances de la ley han generado una tensión entre la protección de páramos y los derechos campesinos, quienes ven afectados los modos básicos de subsistencia, al no encontrar una salida razonable para su sostenibilidad socioeconómica.

La actividad humana en los páramos, y por ende su proceso de transformación inició aproximadamente hace 10.000 años (Van der Hammen 1974). En estas apuestas jurídicas de protección de páramos, no se puede desconocer el derecho de vivir dignamente de las poblaciones en un lugar que les ha pertenecido, ni tampoco el papel que han desarrollado en gestión de la biodiversidad y conservación de los páramos. Una mirada más integral que valida la contribución social y natural en la gestión del territorio, lo define como un socioecosistema, o sistemas coherentes de factores biofísicos y sociales que regularmente interactúan de una manera resiliente y sostenible.


Sabiduría campesina

Nos hemos olvidado de un hecho fundamental como dice el antropólogo Colombiano Arturo Escobar: “todo ser vivo existe porque todos los demás seres vivos existen” es decir, la vida es un entramado de interrelaciones e interdependencias, el nicho ecológico y el organismo van juntos, no es posible separarlo, esta unidad en su origen es el sentido de su armonía. Entonces ¿cómo no entender que los páramos, no son solo un hecho natural sino una red de relaciones, donde culturalmente los campesinos también le han aportado y le pueden seguir aportando? Sus conocimientos sobre la fauna y flora, sobre las tierras, las aguas, los vientos y los tiempos, son valiosos, que sumados a trabajos ambientalmente conscientes, pueden permitir recobrar el bienestar del páramo.

Muchos campesinos ya han iniciado de forma autónoma procesos de conservación, restauración de suelos y de vegetación nativa, reconversión de sus prácticas agropecuarias a cultivos agroecológicos diversificados y a pequeña escala, usos de fertilizantes orgánicos, acciones concretas de cambio en el aprovechamiento y valorización del territorio. Desde lo ritual también se ha visto el retorno de acciones comunitarias que tratan de forma sagrada las aguas, tal como las consideraron las comunidades que poblaron esos paisajes antes de la colonia.


Estas prácticas de cuidado y revaloracion buscan imaginar posibilidades ante la complejidad de la situación, y demuestran que los campesinos participan en la agencia de la sustentabilidad, apropiándose de su territorios desde la gestión de un nuevo ordenamiento productivo, social, ambiental. A la vez que desestigmatizan al campesino, logran armonía entre  conservación ambiental  y vida digna de las comunidades.
Herederos de las ontologías originarias de los pueblos de los Andes, muchas comunidades campesinas conciben el páramo como un ser vivo, que se expresa a través de la voz de los animales, del viento y las aguas.

Ignorando el dualismo que separa el hombre del paisaje, la perspectiva antropocéntrica e inteligencia instrumental que lo ve como una fuente de recursos materiales, el páramo es un ser que cría la vida de los humanos: les ofrece que tomar, que comer, que respirar, pero a la vez también se deja criar por los humanos, respondiendo de modo biodiverso a las acciones de cuidado, valoración y restauración de sus sistemas, emprendidas por ellos.


Las prácticas de crianza del páramo y sus aguas, son acciones que algunos campesinos han ejercido primero desde la escucha y entendimiento de sus ciclos y alteraciones, y luego,  desde la  siembra y la cosecha del agua, a través de modos razonables de obtención, administración, acciones de conservación, por medio de la siembra de plantas y los rituales sagrados. Esto les ha permitido ser mucho más resilientes ante los cambios climáticos, anticiparse y sobrellevar  las épocas de sequías y fuertes inviernos.

Todos estos conocimientos han sido obtenidos de experiencias de vidas, que se han transmitido de generación en generación y de la percepción atenta y  minuciosa de los mensajes del paisaje. El páramo como un ser sabio enseña lo que hay que hacer, cómo vivir con lo que ya se vive, es decir, cómo convivir. Escuchar abiertamente, observar y sentir los intercambios y relaciones en el paisaje, ha sido el umbral de acceso al conocimiento que nos ofrece la naturaleza, y esa es la invitación que recibimos, !dejémonos guiar por nuestro maestro páramo!


Escuchando al maestro

Partiendo de este contexto de sentidos, la Radio Nacional de Colombia ha querido desarrollar una investigación documental compuesta por dos micro documentales audiovisuales y un documental sonoro, que lleva por nombre ‘Maestro Páramo’. El proyecto se sitúa en la vereda Bradamonte en el municipio de Sibaté y el páramo de Sumapaz, un lugar fuente de vida natural y cultural, un territorio donde se promueve el cuidado mutuo.

Fue elaborado por la productora EnMarca Colombia bajo la producción general de Paola Rivera y la dirección de Juan Cárdenas. Durante tres semanas el equipo de producción recorrió el páramo y las lagunas de Los colorados y Los patos en Cundinamarca. Con un importante despliegue audiovisual en formato cinematográfico y con tomas aéreas, se realizó el rodaje a 3.800 metros sobre el nivel del mar aproximadamente.

La investigación se concentró en la relación socioecosistemica del paisaje, un territorio que presta servicios ecosistémicos que cuidan la vida de las comunidades que dependen de sus aguas y sus tierras, pero también se deja cuidar a través de las prácticas campesinas, culturales  y científicas que buscan proteger, valorar el paisaje y restablecer su vitalidad. Un documental desarrolla una mirada más cercana a los asuntos ambientales y otro la construcción cultural del paisaje de páramo.


En el primero, se construye entorno a la historia de Deogracias Jaime Pineda, un campesino sibateño, que ha establecido una relación existencial y amorosa con el páramo, desde hace años y por iniciativa propia, ha venido generando prácticas ambientales de educación y restauración de la vegetación de alta montaña en las veredas de Bradamonte y Colorados, hoy en día se siente honrado al ver cosechar las aguas de los bosques que ha sembrado.

El segundo documental trabaja la influencia del territorio natural en la cultura y la cotidianidad campesina sumapaceña, muestra cómo las características del paisaje, impregna e inspira las expresiones y prácticas culturales. Se desarrolla a partir de la agrupación de teatro Las Frailejonas, conformado por mujeres campesinas de la vereda Taquesitos de Sumapaz (Bogotá), su trabajo artístico busca generar sensibilidad sobre el rol de las mujeres y del páramo, en el cuidado de la vida humana y no humana, también buscan despertar sensibilidad sobre la equidad de género y cuestionar el rol masculino en la colonización del paisaje.

El páramo nos enseña que todo tiene su tiempo y no podemos acelerarlo, la reproducción y crecimiento de la vida vegetal es pausada, la cosecha del agua es un proceso cadencioso, un frailejón tarda aproximadamente de 2 a 3  años en germinar y crece 1cm por año. También nos dice que la vida se resuelve a una escala de acciones microscópicas, por eso todo es tan pequeño y tan frágil y a la vez tan imprescindible, que todo está conectado, en constante cambio, en ciclos que sobrepasan la experiencia humana.

Las partículas hidroscópicas de la espesa neblina, nos muestran que las formas de la vida son visibles e invisibles, que a nuestra mirada le falta tiempo y calma para alcanzar profundidad. También nos enseña que para escuchar y comunicar se necesita hacer silencio, los animales crean acuerdos y comparten el espacio sonoro del paisaje, componen junto con el viento, las aguas y los organismos en movimiento, un territorio de hospitalidad acústica. En este punto conocemos la historia de Guillermo Villalba, quien explica las hazañas de la biomasa del páramo y el impacto que tienen nuestras acciones en el consumo del agua.

Hoy en día asistimos a una clase magistral urgente sobre los impactos antrópicos del páramo, y él, de forma compasiva, quiere que aprendamos asuntos esenciales como desacelerar las intervenciones en los paisajes, emprender acciones de largo  aliento, porque cuidar del silencio y la necesidad de abandonar la insostenible  escala de las ambiciones humanas. Para finalizar, como dice  el biólogo y filósofo Humberto Maturana, la naturaleza es sabia no se equivoca, la equivocación ocurre en los actos humanos en los cuales confundimos dominios, las catástrofes son humanas y ocurren al desconocer el mensaje de autodeterminación de otras formas de vida.

Sarmiento, C., Cadena, C., Sarmiento, M., Zapata, J. y León, O. (2013). Aportes a la conservación estratégica de los páramos de Colombia: actualización de la cartografía de los complejos de páramo a escala 1:100.000. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. Bogotá.
 

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