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Foto: Colprensa. Mayo de 2018.

Por el derecho a abandonar libros

Eduardo Otálora

Por: Eduardo Otálora Marulanda

Desde que tengo memoria he estado rodeado de libros. Cuando era niño en la casa de mis padres había un cuarto de estudio dedicado sólo a los libros. Así entendí que eran como unos miembros más de la familia: tenían derecho a su propia habitación.

Luego me fui a vivir solo y me llevé conmigo los libros que había comprado, más algunos que tomé de la biblioteca familiar.

Ahora vivo rodeado de libros: los míos, los de mi esposa, los de mi hijo, los del trabajo, los que voy a regalar, los que me regalan. Mil libros y, la mayoría, por leer. Entonces, cada vez que veo los morros de libros pendientes me pregunto: ¿Por qué es importante leer?

La pregunta me la hizo alguna vez un alumno descaradamente vago y, quizás por eso, gratuitamente irreverente. Me dijo al final de una clase, cuando les dejé la lectura para la siguiente semana, que él no entendía por qué había que leer si a uno le podían contar lo que pasaba en los cuentos o le podían hacer un resumen de lo que se presentaba en un artículo.

En ese momento la rabia me encegueció y, si mal no recuerdo, le respondí que, si quería, no leyera, que él se lo perdía. En ese momento no di razones porque en el fondo de mi respuesta estaba esa idea que mil veces me habían dicho y que yo me había repetido otras mil veces: leer es importante… y ya.

Pero la pregunta del joven irreverente tiene todo el sentido, ahora lo sé, luego de varios años de lectura. Por eso me voy a atrever a darle una respuesta a ese estudiante:

“Querido estudiante anónimo: leer no sirve para aumentar los índices en la Encuesta Nacional de Lectura, que este año reportó un memorable 5,8 libros leídos anualmente por habitante, según cifras del Dane.

Tampoco sirve sólo para enterarse de lo que un autor quiso decir, en eso tienes razón, para tal fin están los resúmenes. Mucho menos sirve para ser mejor persona (o instruirse, como me decían mis profesores del colegio) porque uno se hace mejor persona en las acciones, en las interacciones con los otros.

Luego de muchos libros leídos creo que te tengo una respuesta: leer sirve para hacer uso del derecho al abandono. ¿Qué quiere decir esto? Te explico. Quiere decir que antes abandonaba libros porque no me ‘conectaban’, sin tener muy claro qué quería decir eso de ‘conectarse’.

Con el tiempo he ido descubriendo, gracias a las lecturas que sí me ‘conectan’, qué disfruto, cuáles son mis temas, mis formas de contar, los tipos de personajes que me interesan, los autores de los que soy fanático. Sí, querido estudiante irreverente, leer me ha servido para escoger, con alevosía, qué leer y qué no leer.

Ahora, el supuesto sobre el que esto reposa es que a mí me gusta leer, pero es un gusto que también se ha formado con la lectura. Leer también ha hecho que me guste leer (un círculo vicioso positivo, si lo quieres ver así) y también me ha permitido, por contraste, descubrir qué no me gusta y entender por qué. En ese sentido también me ha ayudado a hacer uso de mi derecho al abandono.

Pero leer también me ha servido para entender el mundo más allá de los libros, porque leyendo el mundo también puedo hacer uso del derecho al abandono. Eso me ha permito tomar decisiones sobre inclinaciones políticas, tipos de personas con quienes relacionarme, acciones a realizar, maneras de amar y odiar.

En fin, leer ha nutrido mi mirada sobre lo otro. Ahora, es una decisión de vida, así que bien puedes escoger una ‘vida desnutrida de lecturas’. Eso sí, cuando te preguntes por qué haces uso de tu derecho al abandono (o a dar una oportunidad, que es la linda contraparte de este) creo que te quedarás sin palabras y recurrirás al amargo ‘porque sí’. Igual, así también puedes seguir viviendo… porque sí.”