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Plaza Mayor de Bogotá de Francisco Castillo / Foto: © Museo de la Independencia / Señor J. Fotografía

¿Cómo fue la celebración de la independencia en Bogotá?

Por:  Javier Hernández

El 18 de septiembre de 1819 se realizó en Bogotá el desfile oficial y tedeum con el que se celebró la victoria en el Puente de Boyacá sobre las tropas españolas. ¿Qué pasó durante ese más de un mes en la ciudad? ¿Por qué fue tan tarde esta celebración? ¿Cómo fue? Estas fueron las incidencias en la Bogotá de septiembre de 1819, el mes que cambió al país.

La Bogotá que encontró Bolívar

Lo primero es que Bogotá no se llamaba Bogotá a secas, sino Santafé de Bogotá y tras muchas peripecias, a lo largo de estos 200 años de historia, recobró el nombre con que la conocemos hoy.

Desde 1819 dejaba de ser la capital del virreinato, para convertirse y consolidarse como la capital del país. Al actual territorio de Colombia se le dio el nombre de Cundinamarca, el cual también cambio con los años a Colombia.

Era una ciudad más bien grande para la cantidad de habitantes que tenía, debido a que sus casas eran bajas y extensas y a que la multitud de iglesias y conventos ocupaban una extensión aún más considerable. Su división administrativa coincidía con la división eclesiástica con barrios como La Catedral, Las Nieves, Santa Bárbara y San Victorino. Esta estructura se conservó casi hasta la penúltima década del siglo XIX.

El Terror

En su biografía de Francisco de Paula Santander, la historiadora Pilar Moreno de Ángel describe a Bogotá como una ciudad “triste, medrosa, donde circulaban las gentes amargadas y dolidas”. Esto a causa de que en casi todo hogar no realista, se guardaba luto por la muerte de algún pariente que fue pasado por las armas durante el proceso de la reconquista española. Así mismo, debido a este suceso también el comercio había decaído.

El hombre fuerte de la ciudad era el septuagenario Virrey de la Nueva Granada, Juan Sámano. “Hombre de pésimo humor y bastante decrépito. Atrabiliario y cruel” que se convirtió en el terror de Santafé desde marzo de 1818. Con la noticia de la derrota de la división española en el Puente de Boyacá, Sámano fue uno de los primeros en huir de la ciudad… aunque con la esperanza de volver algún día. Huyeron él y un porcentaje importante de los partidarios de la causa realista en Santafé.

La llegada de Bolívar

Bolívar llegó a la ciudad el 10 de agosto de 1819 por el norte de la ciudad, por lo que se conoció después como el Paseo de los Libertadores y que actualmente es la Autopista Norte. El relato de la época, de José María Espinosa, describe que Bolívar llegó sólo a la ciudad por la llamada Calle Real, hoy Carrera Séptima, “dejando su escolta, sus edecanes y demás personas que le acompañaban”. Fue recibido en medio de la más grande algarabía por sus habitantes.

Ahora, no era la imagen aquella de “El Libertador” reluciente que nos encontramos en los cuadros pintados en los años posteriores a 1819 y que contribuyeron a la construcción de lo que tradicionalmente conocemos como historia patria. Por el contrario, “…Bolívar no estaba más elegante, el uniforme de grana roto y lleno de manchas por todas partes y la casaca pegada a las carnes, pues no traía camisa… se conocía que hacía por lo menos un año que no se cambiaba la ropa…” relataba Espinosa.

El ejército en pleno llegó hasta el 11 de agosto. Llegaron a la antigua Plaza de San Diego (donde queda la iglesia que da su nombre y donde se ubica el actual Hotel Tequendama). Avanzaron al sur, pasaron por el puente de San Victorino y recorrieron la calle San Juan de Dios (hoy calle 12) hasta llegar al palacio donde se reunieron con el Libertador.

Con ellos venían los prisioneros realistas de alto rango que fueron capturados tras la Batalla del Puente de Boyacá. El plan era utilizarlos como parte de un canje de prisioneros entre los patriotas y las tropas del Rey que nunca sucedió.

La celebración de la victoria

Se llevó a cabo hasta el 18 de septiembre, más de un mes después de la llegada del Libertador y el ejército. Pero ¿por qué un mes y 7 días después? Pues porque había que organizar el gobierno y consolidar la victoria.

En “La historia de las guerras” de Rafael Pardo se describen algunas medidas tomadas en cabeza del Libertador Presidente, Simón Bolívar: “…se expropiaron los bienes de los españoles fugitivos, se legalizaron los contratos celebrados durante el régimen del virrey, se impusieron multas a párrocos hostiles a la República, se destinaron a la educación los conventos y propiedades de [la orden de] los capuchinos fugados con el virrey…”. Se organizó además el gobierno de la Nueva Granada y se designó al general Francisco de Paula Santander como vicepresidente de las Provincias Libres de la Nueva Granada.

Bogotá había pasado de ser esa ciudad triste de antes de la Batalla de Boyacá, a una ciudad que en palabras de Pilar Moreno de Ángel era “alegre y había perdido el miedo”. Había tertulias, bailes, corridas de toros en la Plaza Mayor (hoy Plaza de Bolívar), mascaradas, comidas y manifestaciones populares.

Los actos de celebración se empezaron a preparar el 9 de septiembre y finalmente se llevaron a cabo 9 días después, a las 2 de la tarde, con un desfile de honor por la Calle Real, entre San Diego y la Plaza Mayor, encabezado por Bolívar, Anzoátegui y Santander, a los que le seguían la totalidad de las tropas que permanecían en Santafé. Esto inauguró la tradición, que se mantiene hasta hoy, del desfile militar con motivo de la celebración de la independencia, sólo que se cambió la fecha al 20 de julio, fecha del grito de independencia.

Otra tradición que se inició con la celebración del 18 de septiembre y que vive hasta la actualidad, es el oficio del tedeum, ceremonia religiosa de acción de gracias y que hace honor a la tradición católica impuesta tras más de 300 años de dominación española.

Tras la celebración

El 20 de septiembre Bolívar salió de Santafé con destino a Venezuela. La presidencia quedo en manos del vicepresidente Francisco de Paula Santander, quien, con aciertos y errores, continuó con la organización de la república, en un gobierno no falto de controversias como aquellas concernientes a la deuda pública y al fusilamiento de todos los prisioneros realistas en octubre de 1819, ante la inminencia de una revuelta popular. Este fue uno de los primeros puntos que marcó las diferencias venideras entre el Libertador y el Hombre de las leyes.