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El mal desecho del tapabocas: la nueva amenaza al medio ambiente

Aunque la pandemia ha traído beneficios para gran parte de los ecosistemas en el planeta, las acciones humanas siguen provocando fuertes daños al medio ambiente, y ahora, una de las mayores preocupaciones es la masiva contaminación por cuenta de desechos domésticos con riesgo biológico o infeccioso, en otras palabras, la destinación final de tapabocas y guantes.

En Contacto Directo, Tatiana Céspedes, vocera y miembro del equipo de campañas de Greenpeace Colombia, aseguró que la situación empezó a preocuparlos cuando en las calles aparecieron estos utensilios botados al suelo de forma desprevenida y ante las dramáticas imágenes de los océanos contaminados por estos.

“Se trata de una mala disposición de estos elementos que, luego de haber sido utilizados, son altamente contaminantes. Además, nos dimos cuenta que el plástico de un solo uso empezó a incrementarse ya que nadie contaba con que lo desechable se empezara a relacionar con formas de evitar el contagio”, dijo.

Estas complejas dinámicas de contaminación se empezaron a registrar en marzo del 2020 en buena parte del planeta, a pesar de que las emisiones de CO2 empezaron a disminuir. Para Greenpeace, estas dinámicas dejaron claro que hay una relación directa entre las actividades cotidianas del ser humano y el cuidado del medio ambiente: a pesar del mejoramiento ambiental por cuenta del aislamiento, el incremento en el uso de plástico y sus disposiciones finales se convirtieron en algunas de las nuevas preocupaciones.

“Otra cosa preocupante es que en nuestras casas disponemos de bolsas negras para los desechos y una blanca para el reciclaje, pero se hace indispensable que aprendamos a usar la bolsa roja para los desechos hospitalarios porque en estas se debe hacer la disposición final de los tapabocas y guantes”, aseguró.

Nuevas problemáticas ambientales están surgiendo a raíz de la pandemia; los expertos manifiestan su preocupación ante la velocidad de la contaminación provocada por estos utensilios y la falta de disposición adecuada. La humanidad no estaba preparada para enfrentar una pandemia y esto llevó a que organismos como Naciones Unidas tuvieran que emitir nuevos reportes sobre el manejo adecuado de residuos hospitalarios para apartamentos y casas; reglas que no han sido tenidas en cuenta por buena parte de la población.

“Esto acarrea varios problemas, entre ellos, que las personas que se dedican al reciclaje sean altamente expuestas a un contagio”, indicó.

A propósito de las prácticas de reciclaje, Céspedes indicó que en Colombia no existe una cultura de reutilización, ya que sólo se recicla el 17% de todos los residuos que se generan. Aclaró que en promedio un colombiano genera 24 kg de residuos plásticos al año, de los cuales no se está reciclando lo que se debería. “Esos plásticos no reciclados están en nuestras calles, playas y océanos”.

Greenpeace considera que la humanidad le ha puesto una carga muy pesada a las labores de reciclaje y que toda la responsabilidad del cuidado del medio ambiente no puede recaer en estas prácticas. Es por ello que invitan a que se haga una concientización sobre la reducción y reutilización de materiales diferentes al plástico y a las mascarillas de un solo uso.

“Para nosotros la prioridad es la salud humana pero la salud del planeta está en riesgo y ambas deben ser protegidas. Por eso queremos que, a partir del cuidado que debemos tener, pensemos en tapabocas que puedan ser usados más de una vez y que cumplan con todas las condiciones de bioseguridad para protegernos del contagio”, puntualizó.

En esta situación el consumo humano toma un rol protagónico y por eso, es importante entender que los utensilios que hoy protegen a las personas del contagio del COVID-19 hacen parte de un largo proceso que impacta al medio ambiente. En términos de Céspedes, este proceso inicia con la extracción del petróleo para la generación del plástico a usar en guantes y mascarillas; posteriormente las fábricas inician un proceso de producción y elaboración de diferentes utensilios que en su mayoría utilizan látex como su principal componente y el cual “es un plástico muy difícil de degradar en el ambiente” pues puede alcanzar hasta 500 años en degradarse de forma natural. Después vienen los procesos de distribución y comercialización para llegar a manos de los consumidores y generar lo que se conoce como la huella de carbono o huella ambiental.

“El primer llamado es a pensar que nosotros somos parte activa de la misión de proteger el medio ambiente, por eso debemos ser conscientes de lo que consumimos ya que eso está generando impactos. Los residuos hospitalarios se incineran porque es la mejor manera de depositarlos y tener el manejo de ellos, pero esa incineración también genera impactos. Por eso el mejor cuidado viene desde la reducción del consumo”.

Céspedes insistió en que la reutilización y la reducción en los consumos son las mejores estrategias para contribuir a la protección del medio ambiente, ante el fuerte impacto que están teniendo las prácticas humanas como consecuencia de la pandemia.

“Desde nuestros consumos podemos empezar a ser parte activa del cambio”.

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