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La trova: tradición de las montañas antioqueñas

Foto: Diego Cuervo

Por: Diego Cuervo

Instrumentos como el tiple, la bandola y el requinto, le han dado vida a la música tradicional colombiana con sonidos y letras de antología. En el departamento de Antioquia, desde hace varias décadas, la guitarra fue escogida como la encargada de ponerle ritmo a los versos improvisados, una tradición que se convertiría en sello registrado de esta región del país.  

El municipio de Santa Rosa de Osos, ubicado a 77 kilómetros de Medellín, es conocido también como ‘Atenas cultural de Antioquia’, cuna de grandes escritores, escultores y periodistas, pero también de excelentes músicos y trovadores. Alejandro Vergara Pérez es uno de ellos, que “por cosas del destino” como dice él, en una reunión familiar de fin de año comenzó a componer versos y luego a improvisarlos.

“En mi familia había la tradición de quemar el año viejo el 31 de diciembre y hacer un ‘testamento’ con lo que dejaba. Yo salía a las 12 de la noche a leerlo en verso y a la gente le gustaba, luego comencé a surrungiar (practicar) con la guitarra, y la improvisación fue resultando con las furruscas de la casa”, recuerda Alejandro.

Vergara creció rodeado de montañas, entre las labores de campo y largos viajes para ir a la escuela. Terminó sus estudios de bachillerato, pero la guitarra, la literatura y los versos, siempre fueron su pasión. En Santa Rosas de Osos todos lo conocen por sus grandes cualidades como interprete y, si se pregunta por quién es el mejor trovador de la región, todos dan referencia de él.

“Mis primeros pinitos en la trova los hice en el concurso ‘Procanta’, que promovía nuevos talentos en Antioquia y me fue muy bien. Yo aprendí a trovar solo, es decir, armar la trova y contestarla que tenía más dificultad, esa era mi particularidad y por eso me di a conocer. Yo armaba una fiesta solo”, recuerda.

La trova generalmente se práctica entre dos personas donde la repentización, la suspicacia y el humor son imprescindibles, el tema puede ser cualquiera, pero las rimas tienen que ser casi perfectas para poder superar al contrincante. Trova sencilla y dobleteada son algunas de las modalidades que ponen a prueba la imaginación y la sinergia entre el canto y el acompañamiento musical.

Sencilla: Bienvenido a Santa Rosa, gente de calibre grueso, donde se toma lechita y se come pan de queso”.

Dobleteada: “Bienvenido a Santa Rosa, aquí le digo que venga, para decirle mi hermano a ver lo que le convenga, Santa Rosa es un pueblo y lo digo en esta parroquia, para contarles a ustedes el más bonito de Antioquia”.

Para los antioqueños la música durante las labores de campo, los viajes y las reuniones familiares tomando agua de panela, es un componente que no puede faltar. Aunque muchos no tenían la oportunidad de asistir a seminarios o escuelas musicales, nunca fue impedimento para tomar la guitarra y convertirse en autodidactas en el arte de las cuerdas pulsadas. 

“Si bien mi familia era de músicos, nunca tuve quién me enseñara hacer un sol o un do, lo aprendí solo. He estado en diferentes ciudades del país en busca de oportunidades, con mi guitarra al hombro y la imaginación en la boca, he podido salir adelante”, señala ‘pandebono’ como le llaman a Alejandro en el mundo de trova.

Estos apelativos corresponden o los asocian generalmente con algo característico del municipio del que son oriundos los artistas, en el caso de Vergara, Santa Rosas de Osos es conocido por sus exquisitos chorizos y pandebonos, siendo el último, el sobrenombre que lo acompañaría en su trasegar musical.

El 23 de marzo de 2002 la trova paisa fue declarada Patrimonio Artístico, Social y Cultural de Medellín debido a la expresión de identidad, carácter y formas de vivir propias de los antioqueños. Sin embargo, para Alejandro Vergara, esta y otras expresiones musicales de la región se han ido dilatando con la llegada de nuevos géneros musicales al país, que causan el desinterés de las nuevas generaciones en aprenderla. 

“Tanto la trova, la música andina y parrandera de Antioquia están en ‘cuidados intermedios’. La llegada de nuevas olas musicales ha hecho que los jóvenes no quieran aprender a tocar un instrumento o crear versos que enriquezcan su conocimiento”, señala.

Diana Medina es directora de Cultura de Santa Rosa de Osos. Con programas artísticos en la Unidad Cultural y el Colegio Marco Tobón Mejía, trata de incentivar y promover estás tradiciones en los jóvenes del municipio.

“Queremos que nuestras tradiciones e idiosincrasia no se pierdan, que los tiples, las bandolas o las guitarras no se queden archivados en un cuarto. En Santa Rosa de Osos tenemos varios sitios en los que los chichos pueden desarrollar su talento guiados por profesores muy capacitados”, enfatiza.

Muchos pensarían que para trovar solo solo se necesita de ocurrencias, pero no es tan sencillo, pues se necesita conjugar una serie de elementos para que sea atractiva al público. La interpretación de instrumentos como el tiple o la guitarra, la técnica vocal y la expresión corporal, son algunas de las habilidades que se necesitan.

Sin embargo, para ‘pandebono’, si bien se necesita de talento, la dedicación es la clave para llegar a ser un gran músico. “Es más de disciplina, de práctica y de ganas que cualquier otra cosa. Con respeto lo digo, pero la música de hoy se hace desde un computador, pero componer una nota o una melodía se requiere de más esfuerzo y estudio”.

Con su experiencia y recorrido por diferentes escenarios del país, ‘pandebono’ también ha aprendido a incorporar a su repertorio las diferentes modalidades de trovas o improvisaciones de otras regiones de Colombia.

Es necesario aclarar que, si bien la trova es muy característica de Antioquia, existen otras expresiones muy ligadas a ella como la piquería en la Costa Atlántica y el Cesar, o el contrapunteo en los Llanos Orientales.

“Participar en eventos de trova en los Llanos fue de mucho aprendizaje cultural y musical, Colombia es un país muy rico artísticamente y no podemos dejar pasar eso por alto. En los eventos, talleres o lugares a los que voy trato de inculcarle eso a los jóvenes, que la música de nuestra tierra es lo que nos caracteriza y genera sentido de apropiación”.

Mientras tanto, este trovador de pura cepa, sigue caminando por las calles de su natal municipio en busca de esos talentos jóvenes que quieran empuñar el traste de una guitarra o un tiple, que con nuevas ideas propias de su generación, no dejen perder la idiosincrasia musical que inició alrededor de fincas campesinas adornadas de café.