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Deforestación: ¿por qué debemos preocuparnos?

¿Cómo afecta la deforestación la existencia humana? conversamos con un experto que no dio un panorama sobre esta situación en Colombia.
Medio ambiente
Foto: Colprensa
María Camila Sánchez
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Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), la deforestación en Colombia durante el 2020 creció un 8 por ciento con respecto al 2019, a pesar de que en buena parte del año se ordenaron las más fuertes medidas de confinamiento. Mientras la mayoría del país estaba en sus casas protegiéndose de la pandemia, los actos criminales contra los bosques no cesaron en Colombia, haciendo que en total se perdieran 171.685 hectáreas de bosque, frente a 158.894 hectáreas de 2019.

Las cifras son preocupantes, y no solamente porque actividades como la tala ilegal, cultivos de uso ilícito, la praderización para acaparamiento de tierras, la ganadería extensiva, la infraestructura de transporte no planificado, entre otros, están acabando con las zonas selváticas de departamentos como Caquetá, Guaviare, Putumayo, Antioquia y Meta; sino también porque esto atenta directamente con la calidad de vida de los seres humanos.

En Contacto Directo, Rodrigo Botero García, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) explicó los impactos de este fenómeno en la cotidianidad de los colombianos y cómo aportar a la solución.

¿Cómo afecta la deforestación la existencia humana?

“Los bosques de la región amazónica son una esponja de vapor de agua que recibe todas las masas de agua que vienen desde el Atlántico, estás se vaporan y se precipitan en forma de lluvia a Los Andes. Si perdemos esa esponja y quedan los suelos sin vegetación arbórea no va a existir esa capacidad de seguir trayendo el agua desde el Atlántico hacia Los Andes; esto quiere decir que podría llegar a haber una crisis climática de grandes dimensiones por una afectación al ciclo hidrológico. Si no llega la cantidad de agua que se requiere todos los ecosistemas van a empezar a tener graves problemas para su mantenimiento y también las poblaciones humanas.

También se sentirá una afectación hacia Centroamérica y hacia el sur hasta el río Paraná porque esas masas de agua no llegarán. Hay todo un efecto continental en donde esas aguas superficiales han mantenido a las principales poblaciones urbanas del continente.

Es decir que también estamos poniendo en riesgo la estabilidad de los asentamientos humanos, el desarrollo agroindustrial de los próximos siglos y obviamente la estabilidad misma de los ecosistemas. La afectación sobre la región amazónica no es algo nacional o continental sino también mundial, porque tiene un efecto regulador sobre el clima en asuntos del agua y la regulación de la temperatura.

¿Podríamos decir que hay avances para mitigar este fenómeno?

"Si, hay cosas que se están haciendo y son importantes:

1. Estamos pasando de una mirada muy fragmentada del territorio (en la que solamente se consideraban algunas zonas en donde había continuidad boscosa como las áreas protegidas), y hoy en día hay una mirada mucho más amplia en donde el país le hace gran fuerza a mantener la conexión desde la planicie amazónica. Para ello se han establecido diferentes estrategias de manejo, de la mano con resguardos indígenas, con reservas forestales y con comunidades campesinas.

El documento CONPES sobre el sistema nacional de áreas protegidas da una mirada en donde a través de diferentes estrategias de conservación se quiere mantener todo el proceso de conectividad, no solamente entre la Amazonia, Los Andes y la Orinoquía, sino en todo el país. Pasamos de tener una visión fragmentada el territorio a tener una mirada de continuidad.

2. Hay un reconocimiento de los pueblos indígenas y de las comunidades negras como grandes protectores del medio ambiente. Aquí hay una oportunidad cada vez más grande de qué se hagan acuerdos de conservación, pagos por servicios ambientales a largo plazo porque se ha demostrado que estas son las mejores estrategias de conservación.

3. Hay una mayor preocupación por el mantenimiento del sistema de parques nacionales naturales y por mantener lo que significa nuestro patrimonio genético. Hay mucha más visibilidad en los medios de comunicación y redes sociales en donde se está generando de forma permanente información que da cuenta sobre lo que está pasando con las áreas protegidas.

Esto es lo que yo veo como factores positivos pero eso hay que seguirlo contrastando con todas las dificultades que siguen siendo una amenaza y un motor de la destrucción que hoy por hoy afectan a Colombia y a la región amazónica”.

¿Cómo los ciudadanos en nuestra cotidianidad podemos contribuir?

“Todos los colombianos tienen el deber y el derecho a exigir que haya políticas públicas a favor de la protección de la región amazónica. Somos responsables de nuestras formas de consumo así que pondré algunos ejemplos para hacerlo más claro:

- Aquellos ciudadanos que no le exigen a los proveedores de su mercado que certifiquen el origen de sus productos. En muchos lugares es un requisito indispensable presentar estos certificados para que los productos que salen de zonas tropicales en particular o zonas de vulnerabilidad, pero es responsabilidad del consumidor asegurarse de que esos productos tengan una proveniencia limpia (con respecto a sus productos de elaboración), además que esa limpieza incluye que no vengan de áreas desforestadas.

- Toda persona que vaya hoy a un supermercado deberá exigir que los productos cárnicos que consumen no vengan de bosques tropicales.

- Personas que consuman cualquier tipo de productos de madera tienen que pedir la certificación y es responsabilidad del consumidor cerciorarse de que su compra no esté fomentando la destrucción de bosques tropicales.

- Toda Persona que vaya a un restaurante tiene que exigir también que si va a consumir algún tipo de producto animal venga con las características de los permisos de producción y comercialización.

- Mucha gente sigue comprando oro pero debe conocer los impactos que su producción está generando sobre el agua, sobre los recursos hidrobiológicos y sobre la salud de los pueblos indígenas que ahí están siendo contaminados por el mercurio al llegar al punto de niveles de extinción.

“Es un paso fundamental en el comportamiento de la población y el ciudadano de a pie que hoy, a pesar de estar distante de la Amazonas, debe empezar a cambiar sus hábitos sustancialmente porque si no cambia, ese ciudadano será el responsable de incentivar a través de sus hábitos de consumo que se acabe con el Amazonas con la deforestación, la degradación de los ecosistemas y la contaminación de las aguas. El consumo responsable debería ser un código básico de comportamiento para quienes quieren aportar desde su cotidianidad a proteger el planeta”.

¿Y el compromiso de las autoridades?

“Así como le queremos exigir a la ciudadanía en responsabilidades y compromisos, también es absolutamente indispensable pedirle al sector gubernamental cambios, no solamente en la estructura normativa sino también en su decisión política. La aplicación de la ley no se puede quedar en el nivel básico del cumplimiento por parte de la Fiscalía sino también requiere de la responsabilidad de los denominados aforados y eso es una decisión política porque tiene que ver con los delegados en las más altas esferas de la justicia.

El gobierno debe proveer las herramientas para hacer seguimiento, y por supuesto los gobernadores, representantes y alcaldes también tienen una responsabilidad directa en lo que es la gran inversión pública que hoy estimula la apropiación de tierras y la deforestación”.

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