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Leonel Ospina: 80 años entre la parranda y la nebulosa

En su libro “La música parrandera paisa”, el médico e investigador Alberto Burgos Herrera inicia su semblanza de Leonel Ospina de esta manera descarnada: “Leonel perdió su habilidad mental, pero conserva mucho su habilidad musical; su mundo interior es otra cosa, y a veces los recuerdos son vagos; hay cosas que no memoriza, pero puede ser que no las quiere recordar; y ya no queda sombra de aquel cantor y guitarrero bien vestido, orgulloso, hasta petulante, organizado, de ambiente refinado, de licores finos y mujeres hermosas; el Leonel Ospina actual, el que tuvo un tremendo trauma psicológico, es un hombre perdido en su pasado, absolutamente abstraído”.

Esa es, desde hace años, la realidad de quien fuera, gracias a su técnica con la guitarra, a su voz nasal y a sus múltiples colaboraciones con los más importantes creadores musicales de Latinoamérica, una de las figuras cimeras de la grabación en estudio entre las décadas del 50 y el 70, un ejecutante de sobradas habilidades y un exponente más que notable de géneros como la música parrandera paisa y la cumbia.

Hoy, es fácil encontrarse a Leonel Ospina en cualquier tienda o bar de Medellín, escuchando un poco de música, tomándose algo y recordando algunas de las glorias del pasado. Con suerte se le puede saludar, pero difícilmente se podrá esperar una conversación hilada.

Leonel Antonio Ospina Restrepo nació en Amagá, Antioquia, el 18 de julio de 1939. Como acompañante hizo parte de centenares de grabaciones de cantantes de todos los géneros como Leo Marini, Los Médicos, Lucho Bowen, Los Charrasqueados, Los Pamperos, Esther Forero y Gildardo Montoya; y como solista dejó una obra indeleble en el cancionero paisa, con temas que hoy siguen siendo de amplia recordación como "María Teresa", "El jardinero" (composiciones de Arturo Ruiz del Castillo) y "La negra Josefina".

Ospina llegó a Medellín en la década del 50. Allí, influenciado por el sonido de tríos como Los Panchos y los Tres Reyes, y de su contemporáneo Gentil Montaña, empezó a aprender a tocar guitarra de manera autodidacta. Con el tiempo se convertiría en un eximio intérprete y en ejecutivo de la casa disquera Silver, cargo para el cual fue recomendado por uno de sus padrinos musicales, Lucho Bermúdez. Fue ahí donde sus colegas empezaron a notar cambios importantes en su personalidad. Dicen todos ellos que llegaba vestido de manera muy elegante, y que cambiaba de traje por uno aún más caro a mitad del día. El rumor era que le había ganado la soberbia, pero en realidad (dicen que por una pena de amor), le estaba ganando la enfermedad mental.

Dentro de las labores desarrolladas por Ospina estuvieron sus grabaciones de cumbia para Codiscos bajo seudónimo, pues tenía contrato de exclusividad con Silver. El músico decidió invertir su nombre de pila para llamarse Antonio León. Con ese bautizo, dejó una pieza inolvidable en el repertorio tropical colombiano, "Cumbia triste", con el acordeón de Fabio Páramo.

Pese a que la depresión y la enfermedad mental han hecho mella en la humanidad del músico a sus 80 años, su música sigue sonando, impidiendo que caiga en el olvido.

Leonel Ospina, figura fundamental de la parranda paisa y la cumbia, cumplió la semana pasada 80 años de vida. Por eso es nuestro Artista de la Semana.