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Semana de receso: ¿cómo conectar y disfrutar el tiempo entre padres e hijos?

Esta época de descanso puede ser la oportunidad de conocer los intereses de los niños, niñas y adolescentes para estrechar lazos.
Actualidad
Foto: Pixabay.
María Camila Sánchez

Para nadie es un secreto que las vacaciones escolares ponen en apuros a muchos padres, madres y cuidadores, tratando de ser creativos e ingeniosos con actividades para los más pequeños y pensando en quién los cuidará durante este tiempo de descanso.

Sin embargo, la oportunidad de generar nuevos vínculos y conexiones con los niños, niñas y adolescentes esta semana parece ser invaluable, y más allá de una semana de muchos videojuegos y dormir hasta tarde, puede ser la oportunidad de conocer los intereses de este joven y estrechar lazos.

En Contacto Directo la doctora Aida Castañeda, psicóloga clínica, coach de crianza y certificada en mindfulness para niños y adolescentes, explicó que durante esta semana muchos padres, madres, abuelos, tíos y cuidadores en general deben involucrarse en los espacios recreativos y académicos de los menores para sacar el mayor provecho de su tiempo.

“La clave es la conexión intencional con niños, niñas y adolescentes porque ellos no necesitan solo una presencia física, sino que requieren de un cuidado emocional y para ello el adulto debe tener la intención de conocerlo. No solo de estar ahí sino de conocer sus intereses, qué les gusta hablar, cuáles son sus juegos favoritos, jugar con ellos, entre otros”, explicó.

Tiempo padres e hijos en semana de receso

Para crear esa conexión hay que iniciar por el contacto visual y tiempos en donde realmente se dediquen minutos (y por qué no horas) de explorar en el universo del otro y abrirse a esas experiencias, gustos e intereses del menor. Sin embargo, puede que esa conexión entre cuidador y menor sea inexistente, pues a lo largo de su corta vida, no se han generado espacios de reconocimiento, abrigo y conexión intencional.

“Es importante recordar esa etapa de nuestra propia vida, recordar de qué manera conectábamos con las personas que estaban alrededor, porque no podemos esperar que esa intencionalidad venga de los niños o de los adolescentes y eso no es así de sencillo”, indicó.

¿Cómo conectar con el mundo de los niños, niñas y adolescentes?

“Hay que generar esa conexión desde que son niños. Cuando los niños nos invitan a jugar debemos como adultos permitirles esos espacios. Si esa conexión, especialmente con los adolescentes no está dada, hay que observar primero de forma auténtica. No se trata de una observación para hacer juicios tales como 'te la pasas pegado al celular', sino para anotar qué es lo que les gusta”.

A partir de este ejercicio el adulto podrá conocer acerca de los intereses del menor, intentando conocer qué tipo de juegos disfrutan, sus platos de comida preferidos o su materia predilecta en el colegio.

¿Y cómo lo despego del celular?

Largas horas en redes sociales, videojuegos y chats con los amigos pueden generar daños psicológicos, sociales y hasta físicos por lo que poner límite al tiempo que pasan los jóvenes en frente de las pantallas es fundamental. No obstante, estas restricciones deben darse desde la conciencia y el aprendizaje y no desde el castigo, según Castañeda.

“La investigación demuestra que menores de dos años no deberían estar expuestos a ningún tipo de pantalla, pero en casos en donde se debe dar por las ocupaciones de los cuidadores, se debe estar muy bien informado acerca de cómo funcionan las pantallas y los cuidados que deben tener con los hijos”, dijo Castañeda al indicar que para los niños más grandes hay que incentivarlos y reforzar el buen uso de las pantallas para que aprendan sus restricciones, permitirles elegir a partir de las alternativas y normas puestas en casa, y evitar los castigos o regaños cuando no se ha aclarado el uso de estos.

Para la doctora Castañeda lo más importante para los adultos es cuidar y vigilar qué tipo de contenido consumen los menores, y cuando son responsables de los adolescentes, deben establecerse acuerdos que no sean resultado de consecuencias.

Uso tecnología padres e hijos vacaciones

“’Como no te fue bien en el colegio te quito la pantalla’, eso es un error. Hay que sentarse a conversar, decirles lo bien que nos sentimos cuando nos comparten acerca de su vida, de sus amigos o intereses. Podríamos proponerles un tiempo de uso de las pantallas mientras nosotros trabajamos y luego conectarse en el tiempo de comida”, expuso.

En casa se hace muy valioso establecer acuerdos con los jóvenes de tal manera en la que sepan cuáles son los horarios, espacios y tiempos habilitados para el uso de los dispositivos y cuándo es momento de conectarse en familia.

“Como adultos debemos modelar el buen uso de la tecnología y las redes sociales. Que las pantallas no estén dentro de los cuartos y así podamos acompañar y monitorear lo que hacen los chicos mientras están conectados”, recomendó.

¿Cómo establecemos rutinas saludables?

“Las rutinas nos traen estructuras. En la parte frontal de nuestro cerebro hay un pedazo que es el lóbulo prefrontal que termina de madurar a los 24 o 25 años y mientras lo hace, los adultos son los encargados de enseñarles esas habilidades a los menores. Allí aparece la planeación, organización del tiempo y la flexibilidad”, indicó.

Ante el proceso de aprendizaje de los niños y adolescentes, el cuidador es el encargado de enseñar las rutinas y de guiar eso que parece un “no quiero” por parte de los menores.

“Lo importante es identificar qué rutinas están siendo difíciles de implementar y apoyarnos en otros adultos que sean importantes para el menor para reforzar lo que se quiere enseñar”.

En este punto el ejemplo de los adultos es importante, porque, aunque no hay blancos y negros, se trata de explicarles que, por ejemplo, los hábitos de alimentación saludable son indispensables pero que a veces podemos comer o tomar algo que no lo sea. “Podemos decirles que hoy nos estamos tomando una gaseosa porque nos gusta mucho, pero que es saludable tomar mejor un jugo de fruta y darles la oportunidad a ellos de escoger, por ejemplo, su sabor preferido”.

“Es indispensable que ellos sientan que puedan elegir y no que se le impongan las determinaciones de los cuidadores. Así el cerebro recibirá esa información de forma diferente y, así como los adultos, se sentirán escogiendo de una forma más libre”, puntualizó.

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