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‘Pequeña historia de mi país’: poemas sobre las viejas violencias

El poeta bogotano presentará próximamente su nueva obra que hace una reflexión en torno a diversos dilemas de la humanidad.

Por: Richard Hernández.

El próximo 6 de mayo el poeta bogotano Omar Ortiz Forero presentará en Tuluá (Valle del Cauca) su más reciente libro ‘Pequeña historia de mi país’. Una obra que, en 29 poemas, inunda de imágenes que conmueven e invitan a reflexionar sobre nuestros ancestros, el medio ambiente, la violencia y las cosas cotidianas de la vida.

“Con Pequeña historia de mi país, de Omar Ortiz, me ha sucedido lo mismo que cuando toca a mi puerta una gran visita. Es que así es la buena poesía. Una visita que dejo entrar porque sé que ocupará un lugar privilegiado entre mis vivencias y mis libros”, señala en el prólogo la reconocida poeta, ensayista y crítica literaria, Luz Mary Giraldo.

El escritor actualmente es profesor de la Universidad Central del Valle y director del Centro Cultural Gustavo Álvarez Gardeazábal. Es fundador de la revista de poesía Luna Nueva, la cual ya llegó a 46 ediciones y tiene 33 años de trayectoria. También colaboró por 10 años con el magazín dominical del diario El Espectador.

Entre sus libros se encuentran ‘Las muchachas del circo’, ‘Diez regiones’, ‘Un jardín para Milena’, ‘El libro de las cosas’, ‘La luna en el espejo’, ‘Diario de los seres anónimos’, ‘Lista de espera’, entre otros.

Radio Nacional de Colombia conversó con Ortiz, sobre esta obra que nació en los primeros meses de la pandemia en Tuluá, donde el poeta reside y tiene vínculos profundos, ya que su familia paterna es oriunda de este municipio.

En ese ambiente el escritor tuvo tiempo para reflexionar sobre situaciones que desde hace mucho tiempo le preocupaban y que, con los acuerdos de paz, creía que iba a tener un respiro. Pero comenzó a ver con preocupación cómo los espacios que había dejado la guerrilla de las Farc eran ocupados por otras fuerzas de insurgentes, según él, mucho más depredadoras.

“Por fortuna, para mí en ese momento me comenzó a acompañar mi hija menor que es maestra en artes. Con ella, que tiene 33 años, conversamos sobre estas situaciones y otros temas. Dado su juventud, a ella le preocupan cosas más universales como el medio ambiente o el problema de la supervivencia de las civilizaciones. De ahí comencé a plantarme la posibilidad de escribir un nuevo libro sobre eso que conversábamos”, señala.

Entonces Ortiz le envió unos poemas a Francisco Trejo, un amigo que vive en México y que junto a la poeta argentina Marisa Russo son los fundadores de la revista Nueva York Poetry Review. A él le gustaron los escritos y le recomendó que hiciera un libro con ellos.

“Precisamente uno de los poemas que tiene que ver con toda esa oscuridad era ‘Pequeña historia de mi país’. Con esa cosa atávica de violencia que se enquista, no solamente en nuestros fantasmas, sino en lo que se está reviviendo en cada momento: viejas violencias que parecen como una hidra de mil cabezas que no terminará. Entonces comencé a trabajar el texto y resultaron estos 29 poemas que lo forman”, comenta.

La violencia que plasma el escritor en sus versos no deja de evocar al fotógrafo Jesús Abad Colorado que, en cierta ocasión en una entrevista con Radio Nacional de Colombia, decía: “son territorios marcados hasta la saciedad, no solamente por las inscripciones de los grupos armados, sino marcados en la piel de los árboles, en las minas antipersonales, en las municiones sin explotar, en los ríos contaminados por el petróleo”.

“Cuando vi la exposición y el documental “El testigo” fue muy terrible ver la historia gráfica, de esta tragedia. Pero a la vez, hay una situación de esperanza en el sentido de que nuestros campesinos han soportado esa violencia permanente y siguen trabajando con la certeza de ser parte fundamental de este país. Seguramente ver esa exposición y después hablar con Jesús Abad en Cali, alimentaron el trabajo que hay en el libro”, recuerda Ortiz.

También hay varios poemas dedicados a nuestros ancestros. Según Omar, no hemos sabido respetar y valorar nuestra gran tradición indígena. Esa que nos ha hecho lo que somos bien o mal.

“Por eso los queremos invisibilizar por considerar, quienes no pertenecemos a los pueblos nativos, que somos de mejor familia. Eso es lo que nos han enseñado y es parte de nuestra tragedia. Las fuerzas violentas que quieren eliminar todo rasgo distintivo, en este país los tienen en la mira, porque los ven realmente como comunidades enfrentadas a esta oscuridad que nos quiere avasallar, desde el cuidado de la tierra, la naturaleza y la vida,”, señala.

La impunidad, que en muchos casos se pasea campante por nuestro país, tampoco falta en esta obra de Ortiz y recorre otras latitudes como España. Por eso hay un poema dedicado a Federico García Lorca y otro a las mujeres violentadas.

“Habla de tres mujeres que padecieron la tragedia estalinista: Marina Tsvetáyeva, Ana Ajmátova, Nadiezhda Mandelstam. También nuestras mujeres, digamos que, en otro momento y en otra forma, pero con iguales efectos, están padeciendo cotidianamente el asesinato, la violación y el desprecio. Es como si esta sociedad patriarcal, estuviera culpando a las mujeres de su desmoronamiento”, relata.

Asimismo, en esta obra, hay poemas que hablan de la valija que uno tiene que alistar para estar preparado ante cualquier situación que se presente. También de un tiempo incierto, en donde “un día cualquiera desaparezcan los osos polares junto a dos o tres continentes”. Además de la sabiduría de los gatos y la lealtad de los perros.

Este poeta nos ha regalado en estos tiempos de pandemia un libro que saca sus brazos para sacudirnos y hacernos dejar este letargo en donde nos acostumbramos a escuchar cifras de asesinatos, ver a madres clamar por sus hijos desaparecidos y observar la destrucción de la naturaleza.

“Aunque es muy difícil que uno pueda escribir poemas con finales felices, yo pienso que hay que volver a lo sencillo, a las cosas que realmente nos caracterizan como humanos, y que hemos olvidado. Asimismo, hay que recuperar el contenido de palabras como generosidad, solidaridad, fraternidad, cariño, o respeto. Creo que así mejoraremos mucho”, concluye Ortiz.

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