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¡Un cuarto de siglo sin Álvaro Dalmar, un grande de la composición colombiana!

El pasado 17 de mayo conmemoramos 25 años de la desaparición física del compositor bogotano Álvaro Dalmar. Por eso es nuestro Artista de la Semana.
Álvaro Dalmar: historia y canciones
Foto: de Ministerio de las Culturas
Radio Nacional de Colombia

Álvaro Chaparro Bermúdez fue el nombre de pila de Álvaro Dalmar. Según recordaba en texto autobiográfico publicado en el segundo tomo de la serie “Lecturas de música colombiana”, “me cambié el nombre no porque me disgustara, sino porque era muy difícil de pronunciar en inglés. Por eso escogí Dalmar, que es más sencillo y sonoro”. Es que la mayor parte de las creaciones de este compositor, escritor de canciones en diferentes géneros populares latinoamericanos y además dueño de una amplia pero poco conocida obra para guitarra, fueron creadas en los Estados Unidos.

Chaparro Bermúdez había nacido en el barrio Las Cruces de Bogotá el 7 de marzo de 1917 (aunque siempre dijo haber visto la luz en 1923) y su primer grupo nació en 1933 bajo el nombre de Los Cuatro Diablos, que tuvo una interesante carrera radial en la ciudad. Su primer maestro informal de guitarra fue el compositor sucreño Adolfo Mejía, con quien solía tocar en la emisora Ecos del Tequendama, de propiedad del colega Jorge Áñez. Con un relativo prestigio obtenido, el joven estaba convencido de que su siguiente paso estaba por darse en el exterior, donde debía estudiar música.

Así fue como emigró a Nueva York a finales de la década del 30. Allí se vio obligado a trabajar como vendedor ambulante y ayudante de conserje en un edificio, entre otras, hasta lograr vincularse a un restaurante mexicano como guitarrista y cantante. Con lo ahorrado allí más lo que empezó a ganar en otro club nocturno como parte de un trío, pudo pagar sus estudios en la prestigiosa academia Julliard, de donde se graduó en 1946.

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Fue hasta que Mike Todd, empresario y tercer esposo de Elizabeth Taylor, lo contratara para trabajar en un show de estilo mexicano, que la situación económica del músico cambió radicalmente y pudo abrir una academia para la enseñanza de la guitarra clásica. Justamente, según contaba Dalmar, la célebre actriz fue una de sus alumnas de guitarra, dentro de un listado que incluyó además a sus colegas Anthony Quinn y James Mason. “Estudiaban no porque tuvieran el propósito de convertirse en guitarristas, sino por conocer un par de acordes para sorprender a sus amistades en las reuniones o para desempeñarse mejor en los roles de sus películas”, recordaba Dalmar.

En lo discográfico, en 1946 Dalmar se vinculó como director artístico al sello SMC Pro Arte, (sigla de Spanish Music Center), de propiedad del productor Gabriel Oller, pionero de la difusión de la música latina en los Estados Unidos. En esa labor conoció al barítono tocaimuno Carlos Julio Ramírez, quien empezó a grabar para ese sello estrenando varias de las más famosas composiciones de Dalmar como “Bésame morenita” (compuesta en 1950 y dueña de infinidad de versiones incluyendo la de Pedro Infante y la de Nelson Pinedo con la Sonora Matancera), “Lágrimas”, “Al caer de la tarde”, “Compadre no me hable de ella” y “La carta”. Fueron tiempos de la creación de su Trío Dalmar, especializado en el bolero y conformado además por Alejandro Giraldo y el cubano Eduardo Durán, quien luego fue remplazado por Roberto Pereda.

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En 1963, Dalmar regresó a Bogotá para convertirse en el director artístico del sello Philips. Allí fundó el Quinteto Dalmar, agrupación de voces mixtas, célebre por sus armonías al mejor estilo del doo-wop norteamericano. Cinco años después volvió a Nueva York, de donde pasó a Las Vegas y a Los Ángeles, donde trabajó en la industria de Hollywood para Columbia Pictures, componiendo música para la pantalla grande. Luego se trasladó a España y a Suecia. Estando allí recibió el llamado para volver a Colombia en 1973, de parte del candidato presidencial Belisario Betancur, quien lo instó a que se hiciera parte de su campaña.

Fue aquel el regreso definitivo. Durante esos años trabajó en música publicitaria y por encargo, se casó por tercera vez y mantuvo una columna de prensa en el periódico El Siglo. “Me gusta componer, siempre estoy dispuesto a hacerlo”, contaba. “Gane o no gane nada. No es el dinero lo que remueve mi imaginación. Tampoco tengo un pensamiento previo relacionado con el partido que voy a sacar de mis obras”. El músico grabó en Colombia discos de tiple solista, producciones con el Quinteto Dalmar y otras agrupaciones conformadas a instancias del sello Philips, e incluso álbumes en su propia voz. El 17 de mayo de 1999, un infarto se lo llevó del mundo de los mortales.

Aparte de sus más famosas creaciones, la actividad como compositor de Álvaro Dalmar está soportada por unas dos mil piezas entre suites, himnos, misas, oratorios, sonatas, preludios, danzas, boleros, guabinas, valses, pasillos y bambucos. Algunas de ellas son “Amor se escribe con llanto”, “Grato silencio”, “Todito el año”, “Orgullosa”, “Reina del mar”, “Préstame tu boquita”, “Río manso”, “Indio soy”, “Di que no me quieres”, “Por un huequito del cielo”, “Me desperté sin ti” y “Cartagena señorial”.

El pasado 17 de mayo conmemoramos 25 años de la desaparición física del compositor bogotano Álvaro Dalmar. Por eso es nuestro Artista de la Semana.

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