La fiesta del natalicio número 98 de Leandro Díaz
Este 20 de febrero se celebra el natalicio de Leandro Díaz, uno de los grandes compositores de la música vallenata, y Tocaimo (Cesar), será epicentro de la conmemoración.
El sábado 21 de febrero, Tocaimo, corregimiento de San Diego de Las Flores (Cesar), le rendirá homenaje a su hijo adoptivo más ilustre: Leandro Díaz, autor de piezas inmortales como “Matilde Lina” o “La Diosa Coronada”.
Leandro, nacido en Hatonuevo, La Guajira, el 20 de febrero de 1928, vivió alrededor de una década en Tocaimo, lugar de creación de bastante de su material. Allí, se realizará la cuarta edición del tributo al compositor, que tendrá conversatorios, el recorrido turístico ‘Tras los pasos de Leandro’ y otras actividades en torno a su obra.
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Homenaje a Leandro en su natalicio
“Yo pelié con mi destino cuando empezaba a cantar, él me quiso derrotar y al final perdió conmigo”, cantó Leandro Díaz comparándose con el cardón guajiro, una planta a la que no marchita el sol y que en tierra mala, ningún tiempo la derriba. Así fue el compositor: fuerte, pujante. Una maciza rama del árbol genealógico del folclor. Un poeta ciego clarividente que junto a otros juglares, con sus versos y «corredurías», trazó el largo camino por donde transita la música vallenata. Leandro, juglar, de aquellos campesinos que narraron historias propias y de su entorno, y ensancharon la poesía que se volvió canto al compás de un acordeón.
Fue Leandro Díaz alma creadora dotada de imaginación. Como él se definió -por no leer ni escribir y estar inmerso en inspiración-: “El único compositor mágico que tiene el país”, que con su obra se tornó esencial en nuestra cultura. Por eso, cada vez que se acuda al libro del vallenato, allí presente va a estar Leandro.
El que nació una mañana cualquiera, allá por su tierra, día de carnaval. El que “cantaba por diez centavos una canción en la calle”. El que le puso música a sus pesares y en un compendio entre lamento y esperanza, le expresó al mundo: “Dios no me Deja”, o “A mí no me Consuela Nadie”. Leandro José: el andariego, el pregonero. El diestro pensador, que en el tema “Los Tocaimeros”, hizo todo un censo de los habitantes del pueblo de Tocaimo. Ese Leandro guajiro que se rebelaba y dedicaba melodías a quien usurpaba sus versos. El tipo jocoso que les sacaba los trapitos al sol a los colegas en las parrandas interpretándoles “El Negativo” o “El Bozal”. El amigo que se preocupó por el exilio musical de Lorenzo
Morales y le dedicó “La Muerte de Moralito”. El eterno Leandro enamorado, que se lanzó un
“Cuando Matilde camina
hasta sonríe la sabana”.
Y que anunció:
“Señores vengo a contarles
hay nuevo encanto en la sabana
En adelanto van estos lugares
Ya tienen su Diosa Coronada”
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El hombre que “quiso a las mujeres, pero con duda en el corazón”, y que dejó a sus musas inmortalizadas en cantos. El parrandero que enfiestó a una nación con “El Palo´e Mango” o “La Parrandita”. Y el crítico que verseó:
“Aquí en Colombia todo lo bueno
está planeado pa los de arriba
y los de abajo siguen viviendo
sin pan, sin techo y sin medicina”.
Leandro dejó piezas llenas de paisaje y belleza, que la memoria colectiva convirtió en clásicos que permanecen, que se transmiten generación tras generación, porque como recalcó el maestro: “Los clásicos nunca corren, el que corre es el que está aprendiendo porque quiere llegar temprano. El clásico llega a la hora precisa y es él, el que se queda”. ¡Ayombe, Leandro!
