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Haciendo discos con ruido de fondo

Por: Luis Daniel Vega.

A finales de la década de los cuarenta, Medellín se arraigó como el centro de la industria fonográfica colombiana. Entre 1949 y 1964 nacieron sellos en los que se forjó buena parte de la identidad de nuestras músicas populares. Sonolux, Zeida- Codiscos, Silver, Discos Victoria, INS y Ondina, por nombrar algunos de los más recordados, hicieron parte de un fértil negocio que hacía 1966 concentraba el 80 % de la producción nacional. La cifra es referida por Juan Sebastián Ochoa en ‘Sonido sabanero y sonido paisa: la producción de música tropical en Medellín durante los años sesenta’ (2018), libro en el que también aparece un dato pasmoso: “Para finales de los años cincuenta [Zeida- Codiscos] pasó de fabricar 25.000 a 50.000 discos diarios (…)”. 

¿50.000 discos diarios? Si tenemos en cuenta que a mediados de los noventa las fábricas de vinilos desaparecieron en Medellín, el abultado guarismo parece improbable, como si hiciera parte de una leyenda.

Es por eso que lo que en la actualidad hace Pablo Mejía resulta una hermosa paradoja: en su pequeño laboratorio ubicado en el municipio de El Retiro, es la única persona que manufactura vinilos en aquellas geografías antioqueñas que antaño soportaron la industria nacional. Pero no hace 50.000. Hace 1 o 100. No más de eso.

Hablamos con este artesano del vinilo, quien nos contó las minucias de su sello Ruido de Fondo, delicado proyecto fonográfico que echó a andar en 2014.

Una pregunta de rigor: ¿recuerda el primer disco que puso a rodar en un tocadiscos? ¿cómo fue ese momento?

Fue cuando tenía más o menos ocho años. Mi padre me mostró cómo funcionaba el tocadiscos con un disco de los Beatles, la compilación 1967-1970, que era un vinilo azul hermoso. Me enseñó cómo se ponía la aguja sobre el surco, explicándome que la música estaba ahí tallada. Y lo que más me impresionó: me mostró que aún con los parlantes apagados, al acercar el oído a la aguja se podía escuchar la música sonando.

Usted frisa los cuarenta años. Esto quiere decir que alcanzó a visitar tiendas de discos en Medellín, ¿recuerda cómo era la movida? ¿Qué tiendas visitaba?

La oferta de vinilo e incluso casetes ya estaba en caída a principios de los años noventa, entonces cuando comencé a coleccionar música a eso de los 11 o 12 años, mi colección era principalmente en cedés. Recuerdo visitar La Feria del Disco, Jota Stereo, La Rumbita, Prodiscos y Disctronics. Mi primer cedé posiblemente fue ‘Crazy World’ de la banda alemana Scorpions. Luego, mi primer vinilo fue una copia hermosa de ‘Animals’ de Pink Floyd que me obsequió una amiga. La movida en Medellín en esos años la describe fantásticamente un colega, Óscar Santana, en el artículo “Visita guiada a las tiendas de discos de Medellín en los años 80 y 90”. 

¿Cuándo decide aparecer Ruido de Fondo?

Fue investigando las posibilidades de propagar la cultura del vinilo y buscar maneras de reabrir la fabricación de vinilos en Medellín. Viendo que la opción de montar una planta de prensaje era muy complicado, empecé a investigar la técnica del lathe-cut como alternativa. Por ese entonces, en las plantas de prensaje internacionales ya se veían demoras larguísimas y exclusión de artistas independientes o sellos pequeños en las producciones de vinilos. Entonces vi el lathe-cut como la manera de hacer posible las producciones pequeñas y rápidas enfocadas a bandas locales e independientes. Ahí nació Ruido de Fondo. 

¿Cuál fue el primer disco que manufacturó?

Si bien hubo un proceso de entrenamiento y de práctica largo durante el cual corté muchos discos, el primer trabajo que se hizo oficialmente como Ruido de Fondo fue un sencillo de siete pulgadas de la banda de Medellín Mística. Casualmente, una de las canciones del disco se llama "Number One".

Resulta una ironía que Medellín, la ciudad que albergó la gran industria del vinilo en Colombia, ahora no posea ninguna fábrica. Su empeño parece ser el único que en la actualidad se encarga del asunto, ¿qué es Ruido de Fondo? ¿un sello? ¿una cortadora? ¿una fábrica?

Ruido de Fondo Records es en principio fabricante de vinilos, sean estos para bandas, artistas plásticos, entusiastas del vinilo o historiadores sonoros. Aunque no tenemos bandas afiliadas o bajo contrato como lo hace un sello, sí sacamos trabajos con diferentes sellos, tiendas o estudios en co-producciones exclusivas. 

Usted no hace discos a escala industrial sino artesanal, ¿qué nos puede contar acerca de esa técnica conocida como lathe-cut?

Es una técnica que apareció a principios de los años 80 en Nueva Zelanda, basada en el proceso en el cual se elabora el disco de laca -o disco master- del cual se sacan los estampadores para las prensas industriales de vinilo. En el lathe-cut, se corta directamente sobre discos vírgenes o en blanco - inicialmente de policarbonato, pero ahora de PVC o plástico - pasando las ondas sonoras a través de la aguja de corte mientras el disco gira debajo. Así, la vibración de la aguja talla -o corta el surco- y luego, al poner en un tocadiscos, pasa esas vibraciones por la aguja del tocadiscos. Esto luego se reproduce como música. 

Si tuviera que contarle a una persona incauta el proceso de hacer un disco, ¿cómo le explicaría algo que a veces parece magia?

Para mi nunca deja de ser magia: que en un pedazo de plástico esté grabada la música; que a través de esas vibraciones se pueda escuchar música. Por mucho que entendamos el proceso nunca deja de impresionar. Es en parte lo que mantiene a la gente enamorada del vinilo como medio musical.

¿Cuáles son los discos más extraños que le han encargado?

He trabajado con artistas plásticos que han sacado algunos trabajos particulares: el sonido de pasos andando por una ciudad, grabaciones de ondas electromagnéticas o bioenergéticas, conversaciones superpuestas, y otras cosas por el estilo. También he sacado ediciones especiales de exhibición con varios agujeros y surcos descentrados. 

Se la voy a poner difícil, ya que estas preguntas son siempre incómodas: de los discos que ha fabricado, ¿cuáles son los que más ha disfrutado y porqué? 

Un 7” transparente de BajoTierra. Este fue un trabajo muy especial por ser el primer lanzamiento que hicimos bajo el marco del Record Store Day y por tratarse de una banda que escuché toda mi juventud en Medellín. También bajo el marco de Record Store Day, este año sacamos un 7” azul de la banda paisa Metropolitan. Fue un proyecto muy especial por la manera como se gestionó con el apoyo de una comunidad de vinilómanos unidos y unidas a través de La Caja Soundbox. 

He sacado unos discos para el artista mexicano Daniel Lara-Ballesteros, quien hace un trabajo impresionante con ondas sonoras sobre discos transparentes: ¡hay que ver para creer!

De lo más reciente quisiera nombrar los vinilos de Las Áñez y las cincuenta copias de ‘Últimas funciones’, el disco con el que La Derecha se despidió de los escenarios. Además, nuevos proyectos nacionales como Pablo Melo, Santiago Navas, Kunta Roots Label y Sampling Dub Studios.

¿Ha pensado pasar de lo artesanal a lo industrial? Si no es así, ¿qué ventajas tiene esta forma de trabajo tan personalizado y minucioso?

Sí, muchos lo hemos pensado. Pero los costos asociados, además de las pesadillas logísticas y escasez de máquinas y tecnología, lo hacen realmente complicado. Sin embargo, personalmente me siento muy satisfecho con la escala que abarca Ruido de Fondo Records. Se pueden hacer discos en cantidades pequeñas -no tenemos una cantidad mínima- lo cual abre las puertas a muchas personas que nunca podrían o querrían sacar 150 o 200 o 500 copias - que son los mínimos en muchos sitios de prensaje - y crea la posibilidad de personalizar vinilos y tener un trabajo directo entre artista y fabricante para sacar los trabajos tal como quiere o necesita el cliente. También vuelve factible el vinilo como medio de grabación para cualquier fuente sonora que uno quiera, como lo fue en su momento el casete, algo que no se podría hacer con una prensa industrial.

Hay una buena movida de tiendas de vinilos en Medellín: ¿qué ruta haría usted?

Más que una ruta recomendaría dos zonas. En Laureles sin duda hay que visitar La Caja Soundbox y Surco Records. Luego, en el centro de la ciudad, se debe pasar por Hit Musical que es un clásico, por el pasaje de La Bastilla para escarbar y encontrar tesoros de la música tropical, y al Archivo Musical en el paseo La Playa.

Descríbanos su lugar de trabajo. Yo lo imagino como un laboratorio lleno de objetos extraños y fascinantes.

Lleno de objetos sí es, ja, ja, ja. ¡Pero depende de cada quién verlos como extraños y fascinantes o como desorden y reblujo! Tengo los equipos de trabajo sobre una mesa amplia, y hay vinilos en blanco (sobre los que corto) apilados en varias partes dependiendo de su tamaño. También hay cables por todas partes, algo que ha causado más de un mareo cuando me visitan amigos músicos, ja, ja, ja. Hay líquidos para limpieza y mantenimiento de vinilos, cajas para vinilo, sobres, herramientas, trapos y más de una cosa que realmente no necesito tener ahí.

¿Cómo es el proceso de fabricación de un disco en Ruido de Fondo, ¿qué materiales usa? ¿cómo hacen las tapas, los labels, etc.?

Los vinilos se cortan sobre discos en blanco, como un vinilo tradicional pero sin nada tallado, casi un espejo. Uso una máquina similar a un torno y sus amplificadores y reguladores pertinentes, una aspiradora para succionar lo que va saliendo del corte, además de una cantidad de minucias para limpiar el disco durante el proceso. Los labels centrales se imprimen por aparte y se aplican al disco una vez este haya sido cortado. También hacemos cajas y fundas, con arte o sin arte, pero esto se hace en otro espacio.  

Leí que quería tener una tienda de discos: ¿esto ya se materializó?

No, finalmente se convirtió en Ruido de Fondo. Pero nunca se sabe, podría ser una tienda de discos y libros, con barra de café y desayunos todo el día.

Finalmente, ¿qué sellos inspiraron el nacimiento de Ruido de Fondo? ¿cuáles lo han influenciado a usted no solo por la música sino por el diseño?

En cuanto a la técnica lathe-cut, admiro mucho el trabajo de Michael Dixon de PIAPTK. Si tuviera que escoger un ídolo en el medio sería él. En cuanto a sellos, admiro mucho el trabajo de Munster Records, Soundway Records y Light in the Attic. Hay que reconocer el tremendo empujón que le dio a la resurrección del vinilo el sello y planta de prensaje Third Man Records de Jack White. Históricamente hablando, nunca se puede olvidar el gigante que fue Discos Fuentes.