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Foto: Ingrid García.

Coya Raimy, la festividad de la fecundidad

Por: Ingrid García.  

Así como el 21 de junio es reconocido por la fiesta del Inti Raymi en homenaje al Taita Sol y la cosecha, el 21 de septiembre los pueblos indígenas de Nariño celebran la fiesta en homenaje a la Mama Quilla o Luna y a la siembra.

Ana María Gualguan, comunera del pueblo indígena Quillasinga, pertenece al resguardo Refugio del Sol, asentado en el corregimiento de El Encano, ubicado a unos 23 kilómetros de la capital nariñense. Ella como muchos miembros de su comunidad, lidera procesos encaminados a preservar la cultura y tradición de su pueblo.

“Esta celebración ancestral representa que somos ‘Gente de luna’, en ese sentido, nosotras las mujeres nos identificamos plenamente con nuestra luna, es decir, que tenemos nuestro ciclo menstrual y a partir de ello cuatro fases y esas mismas fases las cumple la luna”, afirma Ana.

Foto: Ingrid García.

Para las culturas indígenas en Nariño el calendario está dividido en dos solsticios y dos equinoccios, que forman parte de un ciclo en espiral y están representados de la siguiente manera: el Coya Raimy (equinoccio) representa la fecundidad, el Capak Raimy (solsticio) representa la fiesta de la germinación, el Pawkar Raimy (equinoccio) representa el florecimiento y el Inti Raimy (solsticio) representa el tiempo de cosecha.

“En este momento estamos en luna nueva, que es donde las mujeres tenemos una expectativa hacia nuevas cosas, está la luna creciente que es cuando hacemos nuestras proyecciones a futuro. En luna llena es donde toda nuestra energía se centra en hacer varias cosas como la Minga de Pensamiento, y está la luna menguante que es donde nos recogemos, nos cerramos un poco y nosotras como mujeres hacemos siembra y a partir de ello, comenzamos un nuevo ciclo cada mes”, relata Ana María Gualguan.

La fiesta ancestral que se extiende por nueve días, cuenta con la participación de los diferentes pueblos indígenas, quienes convocados por los taitas, se encargan de reunir a sus comunidades para  garantizar la pervivencia de su cultura y tradición.

Foto: Ingrid García.

Camilo Rodríguez, gobernador del resguardo Refugio del Sol, rescata que este tipo de celebraciones permiten mantener vivas sus tradiciones.

“Estamos celebrando la vida, las costumbres y la pervivencia. Somos unas mil personas y nos gusta que los niños sigan su legado espiritual y cultural. Estamos tratando que nuestras tradiciones no se pierdan, que sigamos en este espacio espiritual, en este tiempo de la mujer, donde los mayores siembran con la luna y las personas hacen sus labores de plantaciones con la luna”.

Doña Ligia Eraso, también comunera del pueblo Quillasinga, nos describió los principales productos que se cultivan en el corregimiento de El Encano, entre los que se cuentan las ocas, la arracacha, el maíz, las habas, la calabaza y la papa.

Ligia resaltó que uno de los principales propósitos del pueblo indígena es recuperar los abonos orgánicos y las semillas originarias, para evitar que los químicos y los híbridos invadan su territorio, para obtener cosechas más saludables.

Foto: Ingrid García.

Una de las principales características de los pueblos ancestrales, es que replican sus conocimientos de generación en generación, así los mayores comparten en las Mingas de Pensamiento sus saberes.

Entre esos saberes está la siembra bajo los ciclos lunares. Ana María Gualguan, le explicó a Radio Nacional que cada luna sirve para aprovechar mejor determinado producto.

“Estamos en el tercero de luna menguante, allí debemos sembrar habas, la matica va a crecer mucho más grande y los frutos van a ser más aprovechables. A medida que va creciendo la luna, la salvia que está en la tierra va subiendo al tallo y allí está la diferencia entre plantas de tallo, plantas de hoja alta y plantas que reciben más luz. Todos estos conocimientos se los aprendemos a los mayores, si nosotros no nos remitimos a ellos, no podríamos aprovechar nuestro territorio”.

A los Quillasingas, también se los conoce como ‘Gente de luna’.

Foto: Ingrid García.

Para el cuidado de la naturaleza y su preservación, los niños y jóvenes pertenecientes al pueblo indígena comparten los saberes que les han sido transmitidos. Es el caso del Centro Educativo Santa Teresita del corregimiento de El Encano, donde a través del Proyecto Ambiental Escolar – PRAE, enseñan a su comunidad, el buen manejo de los recursos naturales.

“Estamos manejando la pertinencia educativa y en ella hacemos que, aunque en los centros educativos compartan campesinos e indígenas, estos últimos no pierdan su identidad Quillasinga. Por eso participamos de las actividades en las que se promueven su cultura y tradición”, comenta Carlos Cárdena, director del Centro Educativo Santa Teresita.

Alisson Mueses tiene 7 años y pertenece hace nueve meses al colectivo de comunicaciones del pueblo Quillasinga, junto a Dayana Jurado de 13 años, integran las ‘Guaguas Quilla’, una agrupación musical donde los niños aprenden a interpretar los instrumentos musicales ancestrales, y con cantos y ritmos andinos agradecen a la Pacha Mama lo que reciben de ella.

Foto: Ingrid García.

“La mujer es la belleza en todo el sentido de la palabra, somos el núcleo de nuestro entorno social y familiar. Nosotras exponemos nuestros bailes, nuestra gastronomía que exalta la cultura Quillasinga”, afirma Sonia Buchelly, comunera de El Encano.

Para Ana Gualguan, el reconocimiento que las tradiciones indígenas les dan a las mujeres es supremamente importante, pues ellas han logrado llegar con su organización, a ocupar espacios de representación, que se ven reflejados no solo en los procesos de liderazgo, sino en la misma funcionalidad del cosmos y la ancestralidad.