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Música llanera: su evolución en la memoria de un artista

Por: Isaac Tacha Niño. Director Señal Llanera

La música llanera en Colombia, dentro del formato venezolano (arpa, cuatro y maracas) aún está en su génesis. Hemos visto en otros comentarios de esta misma pluma (hoy del mismo teclado), cómo existió una música que representaba a la región de cara al interior del país, nos estamos refiriendo básicamente a Bogotá, porque el ombligo de Colombia según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, está ubicado en el Alto Menegua, de la ciudad de Puerto López - Meta. 

Esta música llanera, interpretada con guitarras, requinto, tiples y bandolas andinas o bandola lira, fue cediendo el paso casi de manera acelerada al conjunto llanero de arpa cuatro y maracas. Recuerdo el despliegue que se hizo a la delegación que del Meta viajó a Ibagué, donde iba un conjunto llanero de guitarras, entre ellos mi padre, José Benjamín Tacha Moreno, tocando la guitarra en el conjunto de Luis Ariel Rey, incluida la danza llanera. 

Recuerdo que el vestuario consistía en sombrero peloeguama, raboegallo, camisa y pantalón blanco, cinto con cartuchera y ‘revolver’, botas y zurriago. En fin, una mezcla de mexicano y rural colombiano cantando joropos con guitarras.   

A la llegada del arpa a esta región con el conjunto Arauca, del maestro Miguel Ángel Martín, con el niño David Parales interpretando el arpa en el año 1959,  comenzaron a aparecer en el panorama varios muchachos que se interesaron por este instrumento y aprendieron a tocarlo. 

Para este entonces ya se contaba con la fuerza que Luis Ariel Rey daba a la música llanera con el Trío los Llaneros, integrado por los hermanos Luis Ariel Rey, en el cuatro y voz; Gil Arialdo Rey, en la guitarra, cuatro y tiple; y Leonel Rey, con la guitarra puntera, tiple y maracas. Merece gran reconocimiento Gil Arialdo Rey, como gran compositor y buen recolector de canciones.  

Esta fue una muy buena base, la cual se transformaría en el conjunto Luis Ariel Rey y sus Llaneros, donde tocaba él su cuatro e incluyó el arpa paraguaya, dada la escasez de arpistas llaneros. En este caso, se recuerda al arpista Quintín Gutiérrez, pues la mira de Luis Ariel estaba en incorporar definitivamente el arpa a su música a como diera lugar. 

Héctor Paúl Vanegas llegó a Villavicencio como profesor de cuatro de la recién fundada Academia de Música del Departamento en 1962; luego, como también interpretaba el arpa, grabó con el maestro Luis Ariel varias obras de música llanera. Después en este grupo tocaron varios arpistas, tales como René Devia, Manuel J. la Roche y otros, además de Gilberto Castaño (la Mosca), quien fue maraquero de Luis Ariel. 

En 1963, el joven David Parales Bello conforma el primer conjunto llanero con arpa cuatro y maracas y se llamó David Parales y los Copleros del Arauca, el cual estaba integrado por David en el arpa, Jorge Carvajal Bonilla Q.E.P.D., Jaime Abella, Alberto Curbelo y Adelso Gutiérrez. Este y el conjunto Alma Llanera fueron los primeros conjuntos de importancia en establecerse en Colombia.

A raíz del nombre de Luis Ariel Rey y sus Llaneros, se estiló que el arpista iba con nombre propio y le sumaba el nombre a la agrupación, como veremos continuamente en esta descripción. El conjunto de David Parales, por ejemplo, se denominó David Parales y los Copleros del Arauca. 

Otro conjunto que iniciaba por la misma época era el de los Hermanos Lizarazo que después se transformó en el reconocido grupo Fernando Lizarazo y su conjunto Alma Llanera, el cual se radicó en Bogotá, logrando éxitos contundentes y posicionándose en el mapa cultural nacional. 

Posteriormente aparece René Devia quien también cambió la guitarra por el arpa. Este insigne maestro igualmente tocó con Luis Ariel y terminó conformando el conjunto René Devia y los Vaqueros. Después aparece el conjunto de los Hermanos Blanco de Acacías con Manuel como arpista (Rip). 

Finalizando la década de 1960 y a comienzos de los 70, aparecen otros arpistas como José Garzón de Restrepo, Meta (Q.E.P.D.); Jorge Ruíz, también de Restrepo; Gustavo Morales, de Villavicencio; Jaime Castro, de Puerto López (Q.E.P.D.) y quien fundara el grupo Estampa Criolla, donde tuve el honor y placer de tocar como cuatrista, además que también fue mi instructor de cuatro y música llanera. 

Por esta época de 1974. Uno más que suelta la guitarra requinto y coge la bandola fue Luis Quinitiva, reconocido y galardonado en Colombia y Venezuela. Otro arpista del panorama fue Ramón Cedeño, arpista araucano y creador del grupo Flor de mi Tierra, residenciado en Yopal.

Un capítulo muy especial en la transición del joropo con guitarras al joropo con arpa lo protagonizó La Rondalla Llanera en 1966, impulsada por el maestro Ismael Cabrera, quien ejercía como músico y representante de la agrupación, en la que incluyó tres guitarras punteras: Olegario Cárdenas (Pulgarín), Dagoberto Rodríguez (El Zurdo) y Miguel Molina. 

Las guitarras marcantes o armonizantes las interpretaron Ignacio Mesa (El Negro o Mesita), quien además era el director musical; Orlando Tobón e Ismael Cabrera. Todos hacían voces –coro–, pero las voces líderes estaban a cargo de los tenores  Hernán Quintero, Fransineth Rincón y Jaime Roncancio (Jimmy Ron).

Desfilaron por esta Rondalla los arpistas Alberto Curbelo, Manuel J. la Roche y Jaime Castro, en ese orden. El cuatrista fue Raúl Delgado, (mi primer profesor de cuatro) y a su retiro lo sucedió Gustavo Morales. Desde aquí nació un conjunto que se llamó Festival Llanero, conformado en el arpa y dirección por el caraqueño Manuel J. la Roche; en el cuatro, Raúl Delgado; en la voz líder, Hernán Quintero (cuñado de Manuel J.); y en las maracas, Fransineth Rincón. Después vinieron otros maraqueros como José Joaquín Echenique (J. Echenique), quien además era un cantante y coplero recio casanareño. 

En fin, la década del 60 y comienzos del 70 fueron muy importantes para la génesis de la música llanera venezolana en Colombia, con el formato de arpa, cuatro y maracas, toda vez que en 1965 el maestro Miguel Ángel Martín creó un Torneo del Joropo que luego se volvió internacional, dada la participación de delegaciones de Venezuela. Esto hizo que la música llanera venezolana se disparara en Colombia y fuera acogida por el pueblo y por los músicos, quedándose este formato como ícono del joropo y desplazando definitivamente a los guitarreros llaneros y algunos compositores nacionales. 

A comienzos de la década del 70, las grabaciones se hacían con arpa, cuatro, maracas y voz, después, copiando siempre el formato venezolano, se incluyó el bajo en las grabaciones, mas no en las interpretaciones en vivo. La primera grabación de música llanera que utilizó bajo en Colombia, expresado por el mismo David, fue el long play Arpegio Llanero, con discos Sonolux, bajo la dirección artística del maestro Jaime Llano González y la realizó el conjunto Los Copleros del Arauca, donde el Maestro Otón Rangel fue el contrabajista. 

De igual manera y con el mismo contrabajista, se produjo el segundo disco de Los Copleros del Arauca y se llamó Recuerdos de mi llano. El tercer disco con bajo lo hizo el conjunto Fernando Lizarazo y su conjunto Alma Llanera y se llamó Las vaquerías, con la casa disquera Bambuco. Después fue una grabación de Tirso Delgado, el bajo lo hizo el maestro Harold Orozco, compositor perteneciente a la época de ‘la nueva ola’ de finales de los 60 y comienzos de los 70. 

No había bajistas dedicados a la música llanera, entonces cualquiera de los músicos cogía el bajo y lo tocaba, sacando del apuro a las grabaciones. En el conjunto de los hermanos Lizarazo decidieron meter como bajo a una guitarra marcante, para luego incluir el contrabajo, con la participación de Otón Rangel en unas oportunidades y Pablo Arévalo en otras. 

En el año 1975, el conjunto Los Caballeros de la Canción incluyó el arpa, pero también la guitarra marcante. Al igual que el conjunto Alma Llanera, esta agrupación estaba conformada por estudiantes y egresados de la Universidad Nacional, como el profesor Rossny  Portaccio de origen costeño.

Como anécdota, y a propósito del bajo, recuerdo que armamos un conjunto de  primera línea que incluía cantante recio, cantante estilizado, coplero, pareja de baile, arpista, cuatrista, maraquero, bandolista y bajista, para coger la serie de festivales, como el Festival del Retorno, en el 12 de octubre en Acacías; el Festival Llanero, en San Martín el 11 de noviembre y en Villavicencio el 4 de diciembre y algunos, remataban en Arauca, el 7 de diciembre en las Fiestas de Santa Bárbara. Participamos en el Festival del Retorno y ganamos, en el Festival de San Martín iniciamos la presentación con el bajo, que tocaba Alfonso Perilla Q.E.P.D. y entonces el pueblo, como no estaba acostumbrado al bajo en la música llanera, al terminar la primera obra musical comenzó a corear “sin bajo, sin bajo, sin bajo”. 

Entonces, como director del conjunto le indiqué a Alfonso tocar sin bajo. Él se fue hacia la parte de atrás y se sentó detrás de las candidatas al reinado que estaban a manera de fondo, sentadas en el escenario y cuando comenzamos a tocar, entró el bajo un poco más suave pero, había bajo y la cosa se tornó graciosa porque el público buscaba con la mirada dónde estaba el bajo pero no se veía nada porque Alfonso estaba muy bien escondido tocándolo. Lo cierto es que terminamos nuestras canciones tal y como se había ensayado con el bajo. 

Esa vez también ganamos como agrupación y de manera individual de acuerdo a las diferentes modalidades concursantes. A partir de este festival, se acostumbró que había que incluir el bajo en los conjuntos y que los organizadores y los jurados tenían que aceptarlo, aunque algunos conjuntos de folcloristas recalcitrantes preferían salir a tocar sin su acompañamiento. La mayoría sí aceptó y se volvió costumbre y hasta necesidad en todos los festivales, incluir el bajo en las presentaciones y los concursos.

Finalizando la década del setenta, uno de los conjuntos musicales más importantes por el desarrollo musical de avanzada para su época, fue el colombo-venezolano Café y Petróleo, integrado por el maestro arpista caraqueño Manuel J. La Roche, el tenor lírico Hernán Quintero Ramírez y el cuatrista Isaac Tacha Niño, quien fuera galardonada en muchas oportunidades como el mejor cuatrista tanto en Colombia como en Venezuela. 

A este conjunto pertenecieron también los maraqueros Hugo Devia, Miguel Cruz y Gilberto Castaño. De la única y muy exitosa grabación que hizo este grupo, tuve el honor de acompañar siete temas como cuatrista, pero sin los respectivos créditos, debido a mi retiro del grupo antes de terminar la producción, para la CBS.

Cimarron. Foto: Ángela Vives.

Seguidamente, aparece el grupo Joropo, donde cantaban Amín Castellanos, Aries Vigoth y Aleida Tombé, acompañados por Jairo Mantilla en el arpa, Orlando Palencia en el cuatro, Iván Rubiano en el bajo y Diego Luis Mosquera en las maracas. Otro conjunto que apareció en la década del 70, fue el Quitapesares, que fundamos con Carlos el ‘Cuco’ Rojas y Gilberto Castaño, y que luego Carlos Rojas cambiaría su nombre por el de Cimarrón, agrupación muy exitosa y dedicada a preparar la música llanera para conciertos internacionales, cosa que le ameritó un premio Grammy. 

De igual manera llegaron artistas araucanos como Mario Tineo, gran arpista y ganador de muchos festivales colombo-venezolanos, pero él se dedicó básicamente a grabar para varios cantantes sin definir un nombre de conjunto específico, sólo el crédito de su nombre Mario Tineo. Mario también fue ganador de muchos festivales como arpista recio.

En el panorama cultural llanero podemos recordar de igual manera a conjuntos como Las Cubeítas del Palmar, integrado por sólo mujeres talentosas que por demás, lucían trajes muy llamativos y eran excelentes musiqueras, la mayoría de ellas eran alumnas de la Academia de Música del Departamento. También recordamos al conjunto de los Hermanos Salcedo y el de los Hermanitos Becerra.

Ya en 1986, se fundó el grupo Isaac Tacha y Mapora que lo integraron los arpistas Darío Robayo y William Castro, Isaac Tacha como cuatrista y director, las maracas eran interpretadas por Gilberto Castaño, ‘La Mosca’ y Alejandro Ovalle, ‘Coco Liso’, de manera alternada en las presentaciones. El bajo inicialmente lo tocó Ricardo Zapata y luego Ricardo Barrera Tacha, mi sobrino; las voces estaban a cargo de Raúl González y Néstor Rozo; y la bandola de Yesid Benítez. 

Con esta agrupación hicimos giras y conciertos por diferentes partes del planeta, Europa, Asia, Canadá, los Estados Unidos y en Colombia en muy variados y diferentes escenarios. Tuve la gran fortuna de participar en la producción de la telenovela La Potra Zaina como director musical y autor de la música original; no del tema principal, que es composición del gran maestro Juan Vicente Torrealba. 

Esta novela, a propósito, disparó el amor por la cultura llanera en Colombia y fue un gran portón por donde se movilizó la imagen cultural del llano, que benefició a todos los trabajadores del arte llanero y a los centros artísticos llaneros en Colombia, se fortaleció el turismo. En fin, se movió la economía llanera.

Ya hoy hay mucho que contar con la evolución de los conjuntos de música llanera, porque es bastante la cantidad y muy buena la calidad de los sucesores en esta carrera por la cultura llanera.