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Mucha vida en la basura

Lexy Garay

Por: Lizeth García – Lexy Garay Álvarez

Más de 810 mil toneladas, ese es el promedio de basura que producimos los colombianos cada mes. Esta cifra tan astronómica genera a su alrededor una serie de actividades económicas entre las que se incluyen el reciclaje, la operación de rellenos sanitarios y el funcionamiento de empresas de aseo para recolectar lo que ya no nos sirve.

Y es en ese escenario donde aparecen hombres como Clémer Pinto Pallares, trabajador de la empresa Aseo Capital de Bogotá. Seguramente usted lo ha visto, con otro nombre, con otro rostro, en las calles de su ciudad, corriendo tras el camión recolector con nuestras bolsas de basura al hombro.

“Aunque trabajemos con la basura merecemos respeto", dice Clémer mientras recuerda que los desechos le dieron una segunda oportunidad a él y su familia.

Hace 17 años empuñaba con sus grandes manos un afilado machete para cortar la caña de azúcar que alimentaba su trapiche panelero. Vivía con su familia tranquilamente en zona rural de Chinú, en Córdoba, pero una crisis económica lo llevó a cambiar radicalmente su vida: en mayo del año 2000 dejó su tierra y llegó a Bogotá sin saber que sus nuevos caminos estarían lejos de sus cañaduzales y muy cerca de la pobre cultura ciudadana de muchos.

“Ya estamos acostumbrados a la gente que nos dice cosas, que nos humilla. Cuando les pedimos que tengan más conciencia responden que a nosotros nos pagan para recoger la basura que ellos tiran”, explica.

A pesar del cansancio de las largas jornadas y la nostalgia por su tierra cordobesa, él mantiene a flor de piel una felicidad contagiosa que le calienta el alma en las frías noches bogotanas:

“Yo siempre vivo contento, me dicen que soy bullero pero no, soy alegre porque así rinde más la tarea en el campo tirando machete, ordeñando vacas o donde sea, pero siempre alegre”.

Junto al alegre Clémer, otros 266 recolectores salen a las calles bogotanas en busca de desperdicios que en la noche brillan para ellos como lo hace para un minero una veta de esmeraldas. Y es así porque pese al irrespeto, la indiferencia y el desaseo de muchos, la gratitud que sienten por su labor no se opaca:

“La basura para mí es un trabajo; gracias a ella tengo mi apartamento, gracias a ella comen mi esposa, mis hijos, mi mamá y mis hermanos”, explica con orgullo Nelson Pachón Castro tras aclarar que esta no es una tarea para todos porque “trabajar en invierno, bajo la lluvia, es muy bravo y hay que caminar mucho. Pero lo más duro son los olores”.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, Chile, Argentina y Colombia son los tres países latinoamericanos con mayor porcentaje de basura reciclada. En nuestro caso, el Ministerio de Ambiente afirma que del total de residuos generados al año, solo el 17% se recicla. La cifra es bastante baja si la comparamos con naciones líderes en la separación de desechos como Alemania, con un 63%; Austria, con 62%; y Bélgica con el 57%.

 Y precisamente por esa baja cultura de reciclaje, ser recolector de basuras en Colombia es una labor para valientes: “A veces tiran las bolsas del tercer, cuarto o quinto piso y nos caen encima; es un peligro por las botellas y cosas pesadas que la gente mete ahí”, explica Nelson mientras Clémer hace un llamado a todos los ciudadanos: “Deben ser más ordenados y separar la basura; si sacan un vidrio por favor déjenlo aparte porque nos podemos cortar”.

La jornada la cierran como la empezaron: corriendo tras el camión que maneja Alfredo Bermúdez, el tercer mosquetero de esta película escrita entre la basura, con las manos desnudas y el corazón contento.

Foto: Colprensa.

Colombia y el reciclaje

De acuerdo a cifras oficiales, Colombia genera alrededor de 27.000 toneladas de residuos diarios, de ellas el 85% viene de los hogares. El 15% restante lo aportan el comercio, la industria, las instituciones, las plazas de mercado y las vías públicas.

De allí la importancia de lo que los expertos llaman ‘separar en la fuente’ y que no es más que usted, en su casa antes de sacar la bolsa a la calle, aparte lo que se puede reutilizar como plástico, vidrio, cartón, telas o madera; de lo que ya cumplió a cabalidad con su vida útil como latas de pinturas, aerosoles, espejos rotos o vasos usados.

Nuestros oyentes opinaron al respecto en Andemos, que se emite los lunes de 7 a 8 de la noche.

Dulcelina (Bogotá)

“Desde joven me gustó reciclar, lavaba las bolsas de la leche y se las entregaba a la señora de la tienda para que empacara los huevos que vendía. Ahora en mi tienda reciclo el cartón, las botellas plásticas, las tapas y las envolturas de las gaseosas. Debemos cuidar la Tierra porque la estamos destruyendo: las quebradas, los ríos, los océanos están sufriendo porque no tenemos conciencia”.

Raúl (Costilla, César)

“Debemos contribuirle al medio ambiente y tratar de usar menos plástico porque contamina mucho. Por ejemplo, si vamos al supermercado a comprar un pan o un jabón no pidamos bolsas para llevar los productos hasta la casa”.

 William (La Merced, Caldas)

“En Colombia estamos muy atrasados en legislación ambiental y el reciclaje. Tengo una microempresa de café y llevo mucho tiempo buscando que las bolsas que empleo sean biodegradables. Para mi sorpresa, en Medellín encontré una celulosa que traen del exterior y puede funcionar para transportar café sin dañar el planeta”.

Escuche aquí la crónica de Lizeth García para el programa Andemos. Todos los lunes a las 7 de la noche en la franja de análisis y reconciliación de la radio pública.