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Emprendimientos para la paz: historias que reconcilian

Víctimas del conflicto armado encontraron en la venta del viche, y otros productos artesanales, una oportunidad para la reivindicación histórica y social con sus comunidades.
Richard Hernández

Tania Ávila y sus dos hermanos tuvieron que abandonar su querida tierra de Tumaco (Nariño) por culpa del conflicto armado. En 2007 llegaron a Bogotá y se instalaron donde unos familiares.

A su hermano nunca le gustó la ciudad, y eso le afectó mucho. A los pocos meses, decidió irse a vivir con una tía en la cabecera principal de una vereda del departamento de Nariño. Luego, su hermana, antes de la pandemia, se fue con su familia para Ibagué (Tolima).

"Vengo de una familia descendiente afro del consejo comunitario Las Varas. Hoy en día tengo un emprendimiento que se llama 'Afrotumac', el cual trabaja con bebidas ancestrales a base de viche. Lo hago para conservar esta bebida ancestral que ha sido fundamental para nosotros en la parte medicinal, y también para contribuir a nuestro territorio. A esas mujeres negras que fabrican el viche y que han mantenido esta tradición viva", señala.

Tania es madre soltera de dos hijos: una niña de siete años y un niño de nueve. La relación que tuvo con su pareja no funcionó debido a que, según ella, a veces las aspiraciones de uno son muy diferentes a las del otro, además de las limitadas oportunidades laborales en la gran ciudad. Sus dos hijos están estudiando actualmente.


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"Ellos no han experimentado el desplazamiento, pero sí han enfrentado el racismo y la discriminación. Creo que el Estado ha descuidado este tema en las escuelas públicas. ¿De qué sirve tener un cupo en una escuela si no se brinda apoyo emocional y psicológico a las personas negras e indígenas? El racismo está profundamente arraigado en esta ciudad", asegura.

Hace nueve años, cuando Tania tuvo su primer hijo, se vio obligada a renunciar a su trabajo en un restaurante en el barrio Teusaquillo, donde trabajaba de domingo a domingo. No tenía a dónde dejar a su bebé cuando él se enfermaba ocasionalmente, y en la guardería no podía estar en esa condición.

Emprendimientos para la paz: historias que reconcilian

"Una vez llamé a mi mamá y a mi tía y les comenté que necesitaba generar ingresos, y de ahí surgió la idea de vender el viche en Bogotá. Ellas lo fabrican y me lo envían. Fue así como conocí a Paula Carvajal, directora de 'Memorias Colombia', quien, al ver la calidad del producto, me brindó la oportunidad de formar parte del grupo de emprendedores e iniciativas de sobrevivientes del conflicto y firmantes de la paz. Otro lugar importante para dar a conocer el viche ha sido el Jardín Botánico de Bogotá", afirma.

Hace algunos días, varios establecimientos comerciales habían anunciado que dejarían de vender viche debido a los constantes y agresivos operativos realizados por la Secretaría de Salud de Bogotá. Sin embargo, la entidad se pronunció y afirmó que garantizará la venta del producto.

"Lo que nos está afectando a nosotros, que vendemos bebidas ancestrales, es el registro del Invima, porque las comunidades negras no quieren obtener dicha licencia. Ellos nos dicen que debemos montar la fábrica en Bogotá en lugar de en el territorio donde las familias han estado elaborando el viche de generación en generación. Esto dejaría a muchas personas sin empleo. El viche es un patrimonio de las comunidades negras", afirma.

Tania sostiene que, para producir un buen producto, es necesario elaborarlo donde se encuentra la materia prima. Además, cree que el Gobierno, si quiere fomentar la economía solidaria en el país, debería establecer conexiones con las comunidades que son las guardianas reales del producto.

Respecto a las características del viche, Tania asegura que cuentan con una variedad de caña de excelente calidad, con nutrientes, aromas y sabores excepcionales, y un color muy claro. Esto se debe a que el suelo del Pacífico, con sus selvas húmedas y tropicales, produce una amplia variedad de cañas. También afirma que el viche del Chocó es diferente al de López de Micay en el Cauca. Los buenos vicheros pueden identificar la zona de origen por el color.

"Nuestros ancestros trajeron semillas y el conocimiento sobre cómo elaborar el viche. No necesitaron ser ingenieros para producirlo y saber cómo extraer lo mejor del viche. Para mí, es un excelente remedio que posee numerosos beneficios. Las parteras aún lo utilizan para ayudar en los partos, además de servir para las picaduras de serpientes, problemas de próstata, presión arterial, dolores estomacales y para aumentar la energía, entre otros beneficios", asegura.


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El viche se transporta cada 15 días en lancha hasta una empresa transportadora en Tumaco. La mamá y la tía de Tania deben obtener un permiso de la Dian para evitar que les decomisen el producto. Actualmente, Tania logra vender entre 30 y 100 botellas de viche al mes, envasadas en botellas de vidrio de 750 ml y 350 ml. En este tipo de envases, el producto no se deteriora, sino que mejora sus beneficios si es más añejo, según Tania.

"Hay botellas que se llaman 'curadas' porque contienen 65 plantas medicinales. Están las variedades 'calientes' y 'aromáticas' nativas. Cada botella se prepara de acuerdo con la enfermedad de la persona y se procura que siempre sea en luna menguante para que sea más beneficioso. Cada miembro de la comunidad negra tiene su botella curada como medida preventiva contra cualquier enfermedad. Para nosotros, el viche no es solo una bebida festiva, sino también una medicina ancestral", concluye Tania Ávila.

Para Tania y otros emprendimientos, el apoyo de Memorias Colombia ha sido fundamental para distribuir y dar a conocer sus productos a través de la plataforma digital que ofrece esta organización. Ahora también cuentan con un espacio físico en el histórico barrio de La Candelaria (Calle de La Esperanza, más conocida como calle 10 # 4-10).

Emprendimientos para la paz: historias que reconcilian

"Memorias Colombia se fundó en abril de 2020 para apoyar a un grupo de víctimas del conflicto armado que llegaron desplazadas a Bogotá. En la capital, se dedicaban a producir alimentos de sus regiones, y una de sus principales fuentes de ingresos eran los eventos organizados por las autoridades distritales, como ferias", señala Paola Carvajal, fundadora de Memorias Colombia, emprendimientos para la paz.

Paola también comenta que la cuarentena obligatoria debido a la pandemia del Covid-19 los dejó sin acceso a estos espacios y sin sus fuentes de ingresos, ya que no podían vender sus productos ni encontrar compradores en las calles. Además, la mayoría de ellos carecía de experiencia en plataformas digitales.

Por esta razón, nació la iniciativa que actualmente reúne a 22 emprendimientos, no solo de sobrevivientes del conflicto, sino también de firmantes de la paz. Desde Memorias Colombia, los apoyan en el fortalecimiento de sus iniciativas, incluyendo aspectos como la imagen gráfica, presentación, divulgación en plataformas digitales, book personal, promoción y divulgación de sus proyectos en eventos propios y externos, como ferias y vitrinas. Además, facilitan la conexión de los emprendedores con la institucionalidad.

Además de fortalecer la comercialización a través de plataformas digitales, Memorias Colombia, con su nuevo espacio físico en La Candelaria, busca que este sea un lugar de encuentro, diálogo, alianzas y colaboraciones entre las víctimas, los firmantes de la paz y la sociedad en general. También permitirá que más iniciativas de otros territorios se den a conocer y puedan comercializarse.

"Cada uno de sus productos integra las memorias de sus territorios y los saberes ancestrales propios de sus culturas, a través de auténticos alimentos colombianos. Queremos que sean parte de las historias de estas víctimas del conflicto armado y de los firmantes de la paz que hoy son emprendedores y nos enseñan cómo transformar el dolor en esperanza, y el pasado en oportunidades para el presente y el futuro", concluye Paola Carvajal.

 

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