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Enfermería: una vocación más allá de la distancia

Por: Richard Hernández

Actualmente con base en las cifras del Observatorio de Talento Humano en Salud del Ministerio de Salud, se calcula que en el país hay más de 300.000 personas dedicadas a la enfermería, en su gran mayoría mujeres.

Mónica López Montalvo es una enfermera nacida en Barranquilla hace 27 años. Su madre se dedica al hogar y su padre trabaja en las minas del Cerrejón. Su único hermano es ingeniero mecatrónico. Mónica se graduó en la universidad Simón Bolívar de su tierra natal en 2015.

Su primer trabajo fue en Valledupar. Luego se trasladó a Barranquilla en donde trabajó tres años. Posteriormente, en diciembre de 2019, se fue a Puerto López (Meta). Actualmente labora en el Centro de Salud de Orocué (Casanare).

“Me dio duro apenas conseguí mi primer trabajo. Me fui sola, a la deriva. No tenía ningún amigo en Valledupar, pero me defendí. Ahora que me vine para Orocué también fue difícil por mi familia. Afortunadamente estoy con mi esposo que trabaja en la Armada Nacional. Extraño mucho la comida, la mojarra y el arroz con coco, los patacones no, porque yo los puedo hacer acá (risas). También las salidas a la playa, a mis amigos, el clima no tanto porque acá hace calor. De Orocué me gustan los paisajes, los amaneceres y los atardeceres. La gente me ha tratado muy bien”, dice.

Por la pandemia no han podido hacer muchas consultas presenciales. Les ha tocado recurrir a la modalidad de teleconsulta. Cuando son casos primordiales los tratan presencialmente con todas las medidas de bioseguridad. Aunque Mónica reconoce que no es lo mismo, porque cuando los pacientes están presentes se les puede ver su estado de ánimo, su estado físico y hacer una evaluación más profunda, mientras que por teléfono no.

El coronavirus sacó a flote la verdadera capacidad que tienen los países en sus sistemas de salud. Según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), de la cual hace parte Colombia, en 2018 el país solo tenía 1,3 enfermeras y enfermeros por cada 1.000 habitantes. Este indicador convierte a Colombia y Sudáfrica, en las dos naciones con menos personal de asistencia médica a nivel mundial. 

En el centro de salud hay tres médicos. Mónica López y Jesica Herrera son las dos enfermeras jefe. Junto a ellas trabajan cinco auxiliares de enfermería. La pandemia los ha hecho ser más cuidadosos y por eso promueven constantemente el uso adecuado del tapabocas y el lavado de manos.

“Tenemos que ser muy prudentes porque uno no sabe en realidad quien está contagiado y hay muchas personas asintomáticas. Hay personas que todavía no asimilan esto y lo están tomando como un juego. Yo, que estoy trabajando acá en la salud, sí me he dado cuenta y estoy segura de que el virus existe y por eso tengo que protegerme: así sea que sólo vaya a la esquina o a la puerta de la casa, llevo mi tapabocas puesto”, comenta. 

El Instituto Nacional de Salud señaló en noviembre pasado que tenía confirmadas 99 muertes en el personal de salud, de las cuales 46, fueron médicos generales y especialistas, 21 auxiliares de enfermería, siete empleados del área administrativa, cinco conductores y cuatro enfermeras profesionales.

“Nosotros, los trabajadores de la salud, siempre hemos sido héroes los 365 días al año, así haya pandemia o no. Este virus nadie lo va a olvidar y cuando pase, vamos a seguir siendo héroes. Por eso hay que seguirnos cuidando. La satisfacción más bonita que tengo es que estoy ayudando a las personas. El 24 de diciembre trabajé como en un día normal. El 31 me toca laborar hasta el mediodía. Luego pasamos esta fecha con mi esposo en la casa”, concluye la enfermera jefe, Mónica López.

Del Eje Cafetero a Orocué

Luis Ernesto Rendón, es un auxiliar de enfermería quien también trabaja en el Centro de Salud de Orocué. Es el tercero de ocho hermanos. Su madre se dedica al hogar y su padre era vigilante. Luis se vino hace 11 años de Risaralda (Caldas) en donde estudió esta profesión. 

“Yo llegué a esta región por una compañera de estudio. Ella me presentó a una amiga suya quien ahora es mi esposa. Me quedé en esta región que es muy bonita. Lo que más me gusta de mi profesión es el compañerismo. Somos como una familia numerosa que le prestamos nuestros servicios a toda la comunidad. Se han presentado algunos casos de Covid-19. Nos toca estar muy pendientes de toda la población y permanecer disponibles a cualquier hora para salir a la ciudad de Yopal si se presenta algún caso”, dice.

Luis Ernesto tenía planeado viajar al Eje Cafetero a visitar a su familia pero, para no ponerlos en peligro por la pandemia, decidió quedarse a seguir prestando sus servicios y así ayudar a las personas que asistan al centro de salud.

“Uno por la familia a veces piensa en renunciar, pero hay que seguir adelante. Lo que más me ha enseñado esta pandemia es a cuidarme, a saber utilizar todos los protocolos de seguridad y ayudar a que los demás se cuiden. Yo creo que la labor que se ha hecho es muy bonita. Lamentablemente a pesar de que hay información para que la gente se cuide, hay todavía mucha gente que no toma esta pandemia en serio. Se han muerto muchos médicos. El personal de la salud es el que está poniendo el pecho para proteger a las personas que no siempre valoran nuestra labor”, comenta.

Al igual que muchos colombianos, Luis Ernesto tiene la esperanza de que la vacuna sea efectiva y se aplique lo más pronto posible a la población. Mientras tanto continuará prestando sus servicios de auxiliar de enfermería en Orocué, la cuna de La Vorágine.

“El 31 de diciembre también me toca trabajar y seguiré hasta que terminemos el contrato. Todavía no hemos pensado en tener hijos (Con su esposa). Hay que cuidarnos porque la situación cada día está más dura. De esta región me ha gustado mucho el pescado. También el calor es muy bueno, lo hace bañar a uno frecuentemente (risas). Extraño a mi familia, amigos, la comida, muchas cosas, pero hay que adaptarse a todo, para eso vinimos a este mundo”, comentó el auxiliar de enfermería.

Un poco de historia sobre esta profesión

Han pasado 170 años desde que llegaron a Colombia procedentes de Francia, las primeras Hermanas Vicentinas que se consagraron de un modo no profesional, pero notable, al ejercicio de la enfermería. 

Según la ley 266 de 1996 (reglamento de la profesión en Colombia), la enfermería es una profesión liberal y una disciplina de carácter social, que tiene como propósitos generales: promover la salud, prevenir la enfermedad, intervenir en el tratamiento, rehabilitación y recuperación de la salud, aliviar el dolor, proporcionar medidas de bienestar y contribuir a una vida digna de la persona.

A pesar de la baja cifra de profesionales de esta rama de la medicina, resulta valioso encontrar en los rincones más apartados del país a enfermeras y auxiliares prestando sus servicios. Son personas que han dejado sus familias, amigos y la tierra donde nacieron para seguir la filosofía de Florence Nightingale, la primera enfermera profesional que atendió a los heridos de la guerra de Crimea en 1853-1856.